De manual: después de la tercera hipotensión, Cristina Fernández buscó mostrarse más combativa y se puso al frente de la ofensiva del gobierno contra las empresas que cotizan en Bolsa, arremetió contra la Mesa de Enlace, aprovechó el clima de atomización de la oposición y avanzó en un armado electoral que muestra más fisuras que acuerdos.La estrategia de la Casa Rosada es clara: ante los signos de debilidad que pueda mostrar Cristina Fernández por sus problemas de salud, se saca a flote el ADN heredado de Néstor Kirchner y el entorno la coloca en el centro del ring político, como hacía su marido y mentor, para que recupere el rol de encargada de distribuir las porciones de poder.
Pero para confundir más a las oposiciones, Cristina Fernández mezcla sus arremetidas contra los enemigos políticos con declaraciones que hacen dudas sobre su presentación a las elecciones, lo que mantiene congeladas las decisiones electorales de todo el mundo político, creando tensiones que amenazan con resquebrajar a las distintas fuerzas.
Como ocurrió con la disputa por las reservas del Banco Central, el Gobierno apuesta a una larga pelea judicial con el Grupo Techint para polarizar votantes, tratando de romper el virtual techo de sufragios que parece haber alcanzado en marzo, como aconteció el año pasado.
La pelea contra Techint, además de atraer votantes, permite al Gobierno alinear la tropa, por eso negoció con la Unión Obrera Metalúrgica que se sume a la arremetida contra el holding y espera sacarle al gigante hasta 11.000 millones de pesos que pasarán por el Anses 10 minutos, antes de ser tomados por la Tesorería para usarse en gasto electoral.
El Director que quiere colocar el Gobierno en forma compulsiva en Techint, Axel Kicilof, reveló que la Casa Rosada quiere precios diferenciales de la chapa para el sector automotriz, es decir, pretende premiar algunas terminales amigas y, quizás, forzando a algunas para que deje su nicho de negocios en beneficio de algún otra.
Fijar precios diferenciales en la chapa para automóviles es otra de las incoherencias del cristinismo talibán: castigan a Papel Prensa, del Grupo Clarín, por poner precios distintos del papel para diarios y quieren ingresar en Siderar para establecerlos. ¿En qué quedamos?
No es casual que el Gobierno lance la arremetida contra el Grupo Techint justo cuando cambia la conducción en la Unión Industrial Argentina. La frutilla del postre de la estrategia electoral es empujar al holding siderúrgico fuera de la central patronal para convertirla, bajo la nueva presidencia de Ignacio de Mendiguren, en otro tributario oficialista como la Confederación General Económica de la República Argentina y la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, que juran fidelidad ciega a la Casa Rosada y olvidan la defensa del sector que representan.
En la senda de vaciar corporaciones que considera enemiga, la presentación de la Corriente Agraria Nacional y Popular (CANPO) fue la cristalización de la arremetida del gobierno contra la Mesa de Enlace, con el apoyo de la Federación Agraria Argentina, gran beneficiada por la estrategia de seducción oficial, a tal punto, que el gobierno frenó la importación de cerdo para que la entidad levantara una movilización y se uniera en un reclamo contra el desalojo de tierras de pueblos originarios, una de las banderas que levanta el kirchnerismo en el interior profundo.
Pero como en el sector agropecuario siguen existiendo problemas reales, el esfuerzo ideologista de la Casa Rosada cae en saco roto, dado que el lanzamiento de CANPO no impactó en las bases de autoconvocados (hoy, desactivados) ni en las estructuras de las organizaciones que forman parte de la Mesa de Enlace.
En realidad, los participantes del acto en el Luna Park fueron una amplia red de beneficiario de subsidios que conformó el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez, lo que le ganó ser catapultado a candidato a Vicegobernador de Buenos Aires o, si Daniel Scioli avanza hacia la presidencia, a ser postulante a reemplazarlo.
La arremetida contra el Grupo Techint y contra la Mesa de Enlace se llevó a cabo en medio de una oposición que busca ordenarse pero, en el proceso, da toda la sensación de sucumbir.
Por ejemplo, Eduardo Duhalde está a un paso de bajarse de su precandidatura presidencial, en especial, luego de sacarse el lastre que implicaba Adolfo Rodríguez Saá y Mario das Neves; para tomar el rol del armador de una fuerza peronista-macrista, como había anunciado hace más de dos años, cuando vio en Mauricio Macri un presidenciable.
Por su parte, el Jefe de Gobierno porteño, dilata al máximo sus plazos de lanzamiento, tensando las relaciones dentro del PRO y forzando a Gabriela Michetti y a Horacio Rodríguez Larreta a un juramento de que si no son electos como herederos de Mauricio Macri, no romperán la fuerza.
A su vez, Ricardo Alfonsín también intento que la Unión Cívica Radical no se quiebre. El primer paso lo dio con Julio Cleto Cobos, al que le habría prometido espacios de poder en un posible futuro gobierno radical, a cambio de una candidatura a diputado nacional que, parafraseando a Carlos Saúl Menem, lo deja como Cardenal luego de ser casi Papa.
En el camino, el hijo de Raúl Alfonsín tentó a Francisco de Narváez con una colectora en la provincia, lo que implica ofrecer al empresario una estructura territorial que hoy no tienen ni el duhaldismo ni el macrismo, que implicaría bajar con Margarita Stolbitzer, reemplazando un aliado que mide 1% en la voluntad de voto por otro que se acerca al 20% de preferencia del electorado. Un negocio para los dos bonaerenses.
Si se cierra la alianza entre Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez, el primero habrá dado su primer gran paso para ser la opción polarizadora contra Cristina Fernández y el empresario se habría acercado a recuperar su condición de candidato que pone en peligro el proyecto oficialista en la Provincia de Buenos Aires. Además, sería un golpe mortal para las estrategias de Eduardo Duhalde y Mauricio Macri, que siempre lo pensaron como un tributario menor en su armado electoral.
Ante un supuesto acuerdo entre Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez, la tríada compuesta por Hermes Binner, Margarita Stolbitzer y Fernando “Pino” Solanas tendrían allanado el camino para una alianza electoral que los aleja del poder, pero les permitiría no desaparecer como fuerzas electorales. Un premio consuelo después de tanto esfuerzo.
Otro que sufre el desgaste de la estrategia electoral del Gobierno es Daniel Scioli, en especial, luego de reglamentar las “listas de adhesión” y soportar las críticas sordas de los ex Barones del Conurbano. Para fortalecerse aceptó el apoyo personal, no a nombre de Cristina Fernández, de intendentes vecinalistas y avanzó en cambios en la Policía Bonaerense, lo que implica dar otro paso para diferenciarse de las pobres estrategias de combate de la inseguridad que desarrolla la Casa Rosada.
Pero la imagen de fortaleza que intenta mostrar Cristina Fernández no puede ocultar las profundas internas que cruzan al oficialismo. No sólo en la Capital Federal el kirchnerismo tiene tres candidatos, sino también en Córdoba, tuvo que unirse con los radicales para pelear contra un ex aliado, el Movimiento Popular Neuquino; enfrenta una virtual división política en Santa Cruz y la derrota de fuerzas kirchneristas en las elecciones de la Federación Universitaria de Buenos Aires.
En la Casa Rosada aseguran que la pelea mediática entre el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández y Alberto Fernández fue un intento del primero para recuperar la función perdida de vocero principal del oficialismo y confirmó la ruptura con el Sub 40 que encabeza el intendente Sergio Massa.
La ruptura sería consecuencia del rechazo de la Quinta de Olivos del intento de establecer una colectora en Buenos Aires a favor de Cristina Fernández, pero que encabezaría el intendente de Tigre, una opción que se manejó en las últimas semanas, pero sucumbió en el internismo oficialista.
También intenta imponerse a la Casa Rosada el camionero Hugo Moyano. Ya fracasó con un candidato en Salta, le bajaron otro en Misiones y, ahora, colocó otro, a espaldas del Gobierno, en Neuquén. Al mismo tiempo, amenaza con sumar un millón de personas en la Avenida 9 de Julio el viernes que viene, cifra que nadie cree que pueda alcanzar.
Para Hugo Moyano la movilización del viernes es crucial para saber cuál será su futuro político y el poder que tendrá para condicionar a la Casa Rosada. Una marcha pobre, lo invalidaría como contrincante y una exitosa, lo revalidaría como socio en el poder con Cristina Fernández para armar las listas y en un segundo mandato. Por eso crecen los rumores de que operadores del entorno presidencial estarían boicoteando la marcha.
Fortaleza - Debilidad. Imagen – Encuestas. El juego político argentino es menor, provincial. Mientras la gente se preocupa por la inflación, la inseguridad, la caída del poder adquisitivo del salario o la cuota de la tarjeta de crédito, los políticos juegan un juego de la silla que no entienden.
Una política sin partidos, sin proyectos, con egos impostados y apuestas a todo o nada configuran esta morfología política que nos toca sufrir. La hipotensión, Techint, la Mesa de Enlace, Cristina Fernández y las oposiciones son actores de una obra de teatro que, a estas alturas, aburren, desalientan. Y todavía falta un mes para el cierre de alianzas y listas y seis meses para las elecciones. Muchas más cosas pueden pasar.
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