
Enojo y pasividad en el PJ
Cuando todavía no había terminado el encuentro del Consejo del Partido Justicialista bonaerense realizado en Sierra de los Padres, voceros del Gobierno ya anunciaban que los Barones del Conurbano no se habían animado a plantear el tema de las listas colectoras que deban como un hecho que se había impuesto la decisión de Cristina Fernández de compartir las candidatura para la reelección con el ex intendente de Morón, Martín Sabbatella.
Aunque el Gobierno quiera mostrar que ganó en Sierra de los Padres, que obligó a Daniel Scioli a intervenir Ferrobaires y a cambiar 15 comisarios en la Provincia de Buenos Aires para defender a su ministro de Seguridad, Ricardo Casal, y el titular de la fuerza, Juan Carlos Paggi (ambos blancos de los grupos cristinistas ligados a los derechos humanos); pero la Casa Rosada no puede negar que está lejos de poder imponer las colectoras en la Provincia de Buenos Aires.
Para Hugo Moyano fue una jornada con sinsabores. Jugó de local, no hubo ausencias significativas, intentó una burda disculpa sobre su adhesión a las listas colectoras que nadie le creyó y no logró definiciones que faciliten el control del PJ bonaerense. Como dijo uno de los funcionarios de Daniel Scioli presentes: “Hugo sólo pudo imponer el menú del almuerzo”.
Por su parte, los Barones del Conurbano que concurrieron al encuentro (algunos como Mario Ishii, intendente de José C. Paz, llegaron cuando todo había terminado) no ocultaron su enojo con Daniel Scioli por no imponer la reforma electoral anunciada en los diarios y por no enfrentar a la Casa Rosada. Pero algunos, quizás tratando de disculpar su propia cobardía política, aseguraron que tampoco ellos hablaron porque obedecían un pedido especial que le habían hecho el Gobernador y sus colaboradores.
Por fin, en La Plata, celebraban que se había evitado el choque que buscaba la Casa Rosada, no se aprobaron las listas colectoras, los Barones del Conurbano se contuvieron y se alinearon al Gobernador y no hubo una sola definición política que pudiera imponer ni Hugo Moyano ni la Casa Rosada, con lo cual, el plan de Daniel Scioli de postergar anuncios o decisiones hasta mayo se mantiene.
¿Porqué no reaccionó Daniel Scioli a los aprietes mediáticos del Gobierno? El Gobernador de Buenos Aires ha basado su carrera política en la pasividad (como ocurrió con Carlos Saúl Menem), en aceptar que los basureen durante semanas o meses (como hizo Néstor Kirchner cuando era Vicepresidente) o en evitar declaraciones duras o altisonantes y ser siempre conciliador.
Daniel Scioli forma parte de una corriente política argentina que construye poder desde la indiferencia, desde las palabras vacías, desde la imagen acuerdista; participando en cinco actos por día, dando la mano a 200 personas en cada uno de ellos y esquivando los temas complicados o las decisiones arriesgadas. Como Carlos Ruckauf, Julio Cleto Cobos o Carlos Alberto Reutemann, el Gobernador de Buenos Aires flota y avanza, placido y tranquilo hacia su destino, como un camalote.
En resumen: si la Casa Rosada esperaba imponer las listas colectoras, no lo logró; si Hugo Moyano intentó actuar como “patrón de estancia”, no lo logró; si los Barones del Conurbano trataron de hacer una demostración de fuerza o buscaban que Daniel Scioli los defendiera, no lo lograron. Sólo el ex motonauta puede mostrar que alineó intendentes a su lado y evitó cambios en sus planes electorales.
Sin embargo, quedó en claro que ni el Gobierno, ni el Gobernador, ni los sindicalistas, ni los Barones del Conurbano tienen los votos suficientes para imponer una posición en el Consejo del Partido Justicialista provincial, algo que ya sospechaban en La Plata; y que imponer un tema obliga a realizar rápidas y sólidas alianzas para poder fijar una estrategia electoral en Buenos Aires.
Después de una semana de amenazas y bravuconadas, los dos ganadores son Martín Sabbatella, que se convirtió en una amenaza mediática para los Barones del Conurbano cuando los votos obtenidos en 2009 sólo demuestra que tiene peso en tres distritos (su natal Morón, Hurlingham e Ituzaingó) y Sergio Massa, que resucitó el Grupo de los 8 como alternativa para salir al rescate de Daniel Scioli de las manos del kirchnerismo y recuperó su rol de candidato alternativo en el PJ.
Todavía Daniel Scioli tiene una carta ganadora en su manga: puede desdoblar las elecciones para evitar las colectoras, como ya quedó planteado en la Legislatura bonaerense. Allí, sin duda, el Gobernador de Buenos Aires tiene los votos suficientes para imponer la norma, dado que cuenta con el apoyo del Peronismo Federal y Unión PRO; profundizando la independencia que muestran los Gobernadores oficialistas de no querer atar su suerte al futuro de Cristina Fernández, pese a que le juran públicamente fidelidad, como ocurrió con Maurice Closs, de Misiones o José Alperovich, de Tucumán.
A favor de la estrategia de dilatar los plazos y no tomar decisiones que tiene Daniel Scioli están las encuestas. Como era de esperar, la imagen positiva y la intención de votos de Cristina Fernández cae unos puntos mes a mes, como confirmo Management & Fit esta semana, y eso que no aparecen candidatos alternativos fuertes ni en el peronismo, ni en la oposición.
Al Gobierno le conviene un Daniel Scioli dominado antes que ubicado en un rol opositor, por eso no fueron a buscar definiciones con el tema colectoras a Sierra de los Padres. Si Cristina Fernández quiere la reelección, necesita al Gobernador de Buenos Aires a su lado, no enfrente. Sólo los funcionarios que no quieren perder sus cargos, los advenedizos de “La Campora” que necesitan ingresar al Gobierno para enriquecerse o los piqueteros que exigen cargos electivos puede interesarle una ruptura con los Barones del Conurbano, confiados en un triunfo arrollador de la Casa Rosada que sólo existe en su imaginación.
Si bien Cristina Fernández no pudo llevarse de regalo de cumpleaños un triunfo en Sierra de los Padres, la reconfirmación de que Carlos Alberto Reutemann no será candidato a Presidente, Vicepresidente o Gobernador de Santa Fe y, en el camino, negó su apoyo al cómico Miguel del Sel en su provincia y ninguneó a Mauricio Macri, fue un excelente paliativo.
La declaración del ex piloto de Fórmula 1 y la actitud timorata de Daniel Scioli fueron dos duros golpes para Eduardo Duhalde y para el Peronismo Federal. El ex Presidente de la Nación y el peronismo de paladar negro esperaban una ruptura en el PJ bonaerense para sumar fuerzas y crear una verdadera alternativa al Gobierno y que Carlos Alberto Reutemann ocupara un puesto de lujo en una de las listas del grupo. Sin embargo, todo quedó en una esperanza trunca.
Ahora, mientras el Peronismo Federal corre peligro de romperse, Mauricio Macri elige a un cómico como su candidato en Santa Fe y el hijo de un sojero millonario en Salta (el diputado Alberto Olmedo, el del lema: “no vote al pedo, vote Olmedo”) y Eduardo Duhalde hace campaña mostrando a Gerónimo “Momo” Venegas como si fuera uno de los mineros rescatados en Chile, sólo una alianza con Unión PRO en Buenos Aires queda como alternativa política opositora en la provincia.
Hoy, la discusión por el poder a partir del 11 de diciembre de 2011 se plantea dentro del oficialismo, la oposición no participa de ella. Mientras el progresismo busca formas de alianza para sumar voto (porque saben que no tienen peso político y están atomizados), mientras que la Unión Cívica Radical se desgasta en eternas internas y Elisa Carrió hace campaña por TN, las verdaderas aspiraciones para obtener el poder, para retenerlo, para sumar poder están dentro del peronismo que ocupa funciones ejecutivas. El resto es convidado de piedra.
Si algo caracteriza a la oposición es la ausencia de aspiraciones, la imperiosa desesperación de alcanzar el poder como debe ser para las fuerzas que no están en funciones ejecutivas. Los liderazgos mediáticos de la oposición carecen de las características básicas de los líderes políticos que marcan la historia: astucia, discurso, atraer a las masas, tener un proyecto de país, plantearse objetivos y alcanzarlos, escalar en puestos ejecutivo y seducir a propios y extraños.
Mientras el oficialismo hace política y construye poder, la oposición discute, duda, intenta, no seduce. Por eso, Cristina Fernández celebra su cumpleaños con la Mesa de Enlace partida e intentando meterse en la interna de la Iglesia Católica, como antes lo hizo en la Unión Industrial Argentina, las Asociación de Empresas Argentinas, la Bolsa de Comercio o la Asociación de Bancos Argentinos.
Al Gobierno no le importa desafiar hasta a los Estados Unidos si, con esa medida, gana votos entre los jóvenes idealistas que creen el discurso del “Imperio Diabólico” y son capaces de convertir una infracción del Código Aduanero en una crisis diplomática y lucha por la soberanía, sólo para consolidar el voto de un colectivo de bloggeros que pocas veces en su vida leyeron un libro entero.
No le importa al Gobierno usar las negociaciones con el Club de París para ganar voto, ignorar que el titular del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss Kahn no venga a la Argentina (pese a que tiene ese cargo porque la Casa Rosada lo votó) o hacerse los distraídos de que los chinos están comprando las operaciones de Esso en la Argentina mientras frena importaciones de textiles de esa nacionalidad si puede dañar o entorpecer sus planes políticos y electorales.
Muchos en el Gobierno dirían que Maquiavello habría celebrado la forma de hacer poder y política del oficialismo, pero estamos en el Siglo XXI y las exigencias de la política moderna supera los usos y abusos del cristinismo en campaña y en el poder; pero nunca el kirchnerismo se mostró moderado y legalista. Al contrario, Néstor Kirchner dejó como herencia del oficialismo la idea de que siempre hay que doblegar la apuesta para dominar al enemigo y que se debe usar fuerza y dinero para convertir un peligro potencial en un aliado.
Sierra de los Padres ya pasó. Cada grupo venderá su propia versión de lo ocurrido. Cristina Fernández no avanzó un paso en su reelección. Daniel Scioli sigue manejando sus tiempos con desesperante parsimonia. Hugo Moyano sigue siendo un peligro para cualquier proyecto político que no lo tenga de aliado. Los Barones del Conurbano deberán demostrar que siguen siendo el poder que los hizo temibles y durables en sus cargos. La oposición todavía tiene que demostrar que hace política.
La gran conclusión de la semana es que las luchas políticas del 2011 se pelearán por los medios. A través de diarios, radios, canales de televisión y agencias de noticias se lanzarán desafíos, pedidos, ordenes, súplicas o estrategias, para luego sentarse en una mesa y ejecutarlas o no. Los medios serán usados, por eso la necesidad del Gobierno de controlarlos, para usarlos a su favor.
Por ahora, todos los estudios confirman que la gente no está pensando ni en política, ni en candidatos, ni en elecciones. Para votar, falta mucho tiempo para la opinión pública, pero mucho menos para los políticos. Hacer coincidir los tiempos de ambos será complejo, por eso las necesidades de la gente van a seguir siendo postergadas frente a las necesidades de los políticos. Por lo menos, hasta que necesiten nuestros votos. Recién entonces, van a escuchar los reclamos sociales, los pedidos de la gente, nuestros pedidos.
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