Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones

San Agustín de Hipona



DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN: DEBO RETRACTARME. PARECE SER QUE EN REALIDAD
PERTENECÍA AL REVERENDO J. H. Boetcker.
1. - Usted no puede crear prosperidad desalentando la Iniciativa Propia.
2. - Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.
3. - Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.
4. - Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.
5. - Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.
6. - Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.
7. - Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.
8. - Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.
9. - Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su
independencia (libertad) e iniciativa.
10.- Usted no puede ayudar a los hombres permanentemente, realizando por ellos lo que ellos pueden y
deben hacer por sí mismos

El que tiene un derecho no obtiene el de violar el ajeno para mantener el suyo.

José Martí

Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
San Agustín

lunes, 22 de agosto de 2011

CLAUDIO CHIARUTTINI: EL "DESLAVE" DE VOTOS PARA OCTUBRE...


Como se perfila, servirá para afianzar el clientelismo y la corrupción...

Un deslave sobre los derechos de los ciudadanos.

Un deslave no perdona. Todo lo arrasa...(ver foto)

Consolidar Poder a costa de las seguridades públicas, con la excusa de "profundizar el modelo", será un precio muy elevado, en este futuro cercano.

Sin boleta única, será un festín de fraudes...

Sin fiscales opositores, las urnas serán el entierro de comicios justos.

La importancia de octubre

Avalancha, catarata, diluvio, tsunami, avasalladora, apabullante, asombrosa, sorprendente, extraordinaria, fenomenal, prodigiosa, estupenda, monstruosa, incomensurable e impactante son algunos de los calificativos que pueden describir la cantidad de votos, apoyos y legitimación que recibió Cristina Fernández en las urnas el domingo pasado.

Desastrosa, funesta, siniestra, fatídica, deplorable, aciaga, demoledora, inesperada, insólita, ínfima, horrorosa, inmunda, lastimosa, patética, luctuosa, dolorosa y fatal son algunos de los conceptos que pueden dimensionar la paupérrima campaña, desempeño y resultado que obtuvieron Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde, Hermes Binner, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió y Fernando “Pino” Solanas en la votación de hace una semana.

Es cierto que se trata de una lectura maniquea y simplista de la primera elección primaria, abierta, simultánea y obligatoria de la historia electoral argentina. Sin embargo, nadie puede negar que sea una visión realista del fracaso que tuvo la estrategia electoral, el armado de alianza, el mensaje ideológico y la acción política de las fuerzas no kirchneristas.

La oposición se quedó en un conjunto de individuos demasiado soberbios para poder entender cuáles son las necesidades de electorado y que encargan encuestas truchas que dicen que van segundos o terceros en intención de votos antes de bucear en qué es lo que buscaba y busca el ciudadano.

Si algo diferencia las campañas de Cristina Fernández y Mauricio Macri con respecto a los personajes que protagonizaron el Waterloo electoral de hace una semana es que armaron sus campañas electorales con mucho dinero, un buen aparato político, una clara estrategia mediática y sabiendo que mensajes lograban atraer el voto de los ciudadanos.

Es cierto que Cristina Fernández ganó en forma impecable e inapelablemente. Sin embargo, las oposiciones se suicidaron en enero cuando Elisa Carrió rompió el Acuerdo Cívica y Social creyendo que favorecía al Acuerdo Cívico y Social en el armado de listas posterior que nunca se produjo y cuando Eduardo Duhalde resolvió despreciar a Mauricio Macri y lo dejó fuera del peronismo disidente.

Las otras dos estaciones que sellaron la suerte del antikirchnerismo fueron protagonizadas por Francisco de Narváez. Primero, cuando rompió con el titular del PRO y con el PRO y, segundo, cuando selló una alianza con Ricardo Alfonsín y no pensó nunca en seducir al electorado radical.

Varios libros se pueden escribir sobre los errores cometidos por las oposiciones en las elecciones en curso. Se puede aprender mucho de ellas. Pero poco servirá ese conocimiento para intentar revertir el resultado en octubre dado que, por estas horas, las oposiciones están llevando a la práctica estrategias suicidas.

Elisa Carrió recurrió a la victimización, como cada vez que es derrotada, se fue de viaje; Adolfo (Alberto) Rodríguez Saá festeja el haber asestado un durísimo golpe a Eduardo Duhalde (con lo cual, se cobró la caída que tuvo su hermano Adolfo, cuando era Presidente de la Nación en 2001, y que considera fue impulsada por el bonaerense), el radicalismo está en una situación de “sálvese quien pueda” (con fuga masivas de candidatos hacia los brazos de Hermes Binner), el ex gobernador de Buenos Aires se consuela juntando telegramas con irregularidades que no cambian la realidad de las urnas y el santafesino juega el juego de la Casa Rosada porque cree que sumará más legisladores a su bancada y creyendo que es el creador de un nuevo socialismo que sumará a todo el progresismo.

La decisión de la Unión Cívica Radical, el socialismo, la Coalición Cívica y peronismo no kirchnerista de defender sus espacios en el Congreso vuelve a ponerlos en el rol de jugarse por el premio menor.Desde las elecciones de 2009, cuando los ciudadanos decidieron un virtual empate en el Congreso, Cristina Fernández no tuvo problemas en congelar el Parlamento y gobernar con Decretos de Necesidad y Urgencia. Así se hizo de las reservas del Banco Central y despidió a Martín Redrado de su cargo. Así, gobierna en un año electoral sin Presupuesto y gastando en forma indiscriminada.

El Congreso, para Cristina Fernández, puede servir para legitimar una cómoda y conveniente reforma de la Constitución Nacional, para nacionalizar el comercio exterior de granos, para arrebatar nuevas cajas o para evitar el uso y abuso de Decretos de Necesidad y Urgencia. Es un poder sólo formal.

Para las oposiciones, tener presencia en el Congreso es una forma de mantener viva sus estructuras y aspiraciones políticas. Pero las dimensiones de su representación no impedirán que el gobierno compre voluntades como ocurrió con Eduardo Lorenzo Borocotó o que haya deserciones voluntarias, como sucedió con Cecilia Merchán, que dejó la fuerza de Hermes Binner, o Marcela Rodríguez, que abandonó a Elisa Carrió, esta semana.

Por su parte, en el gobierno, además de contener la euforia y la sensación de ser indestructibles, se vistieron con una piel de cordero para no espantar votos y sumar a aquellos que hoy sienten asco de votar a las oposiciones vencidas y en desbande.

Pero la pieza más importante de la estrategia de la Casa Rosada es elegir a sus enemigos para los próximos cuatro años. Ellos son Hermes Binner y Mauricio Macri. El primero fue apoyado como la mejor opción de opositora por el titular de la Bancada de Diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, su supuesto enemigo; y el ministro del Interior, Florencio Randazzo; en tanto que Cristina Fernández se encargó, en la conferencia de prensa del lunes, de destacar su supuesta buena relación con el Jefe de Gobierno porteño.

¿Porqué Hermes Binner y Mauricio Macri son los enemigos elegidos? En cuatro años, ambos dirigentes no lograron conformar un armado nacional y sólo apostaron a alianzas o proyectos electorales en provincias linderas a sus distritos. Además, ambos son políticos conservadores, tibios en sus decisiones y tienen potencial de divisiones en sus estructuras territoriales o dependen de otras fuerzas para imponerse en sus distritos (el santafesino, del radicalismo; el ex Presidente de Boca Juniors, del peronismo porteño).

Si bien hablar de política haciendo proyecciones a cuatro años en la Argentina es un ejercicio inservible, las posibilidades de Mauricio Macri o Hermes Binner de crear un proyecto político nacional o alternativo en ese plazo desafía la lógica e historia política argentina.

En la Casa Rosada consideran que la elección del domingo pasado causaron la muerte política de Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió y Fernando “Pino” Solanas, mientras que podrán sobrevivir con respirador, si tiene suerte, Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez.

Puede que muchos de ellos no quieran reconocer el fin de sus carreras, como ocurrió con Ricardo López Murphy y Roberto Lavagna en 2007 y Elisa Carrió en 2009. Sin embargo, será un problema de los protagonistas que, en el peor de los casos, extenderán sus agonías.

Más allá de octubre, con la oposición dispersa, pobres liderazgos y muchos enemigos derrotados, la preocupación de Cristina Fernández hasta 2015 será la oposición que nacerá dentro del propio peronismo y las aspiraciones de crecimiento del kirchnerismo y el cristinismo talibán.

Por razones generacionales, Carlos Alberto Reutemann, Hugo Moyano y José Manuel de la Sota son los más fáciles de esmerilar, en el recambio generacional que sufrirá el peronismo en los próximos cuatro años, van a pasar a un segundo plano o a retiro. Sin embargo, Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, Jorge Capitanich y Sergio Massa son parte de un peronismo no kirchnerista, exitosos y con buena imagen. Son peligros para la Casa Rosada.

Ante ese escenario, ¿cuándo lanzará el gobierno la campaña para limar a enemigos internos? Néstor Kirchner y Cristina Fernández adelantaron siempre sus batallas políticas con la seguridad de que sus contrincantes estaban desprevenidos y débiles respecto a su potencial futuro. Por eso, la guerra de guerrillas comenzará pronto, cuando la espuma del 50% de los votos se mantenga firme y sirvan de protección a la Presidente de la Nación.

Más difícil será controlar las aspiraciones de crecimiento del kirchnerismo y del cristinismo talibán. Por ahora, muchos de los funcionarios jóvenes se conforman con mantener sus puestos cuatro años más. Su avance será a costa de fagocitarse al peronismo, pero el costo

Cristina Fernández jugó fuerte para maniatar al peronismo, que se entregó mansamente y, el domingo pasado, le regaló todo sus votos. El sindicalismo fue ignorado en el armado de las listas y, ahora, miran el inmenso poder acumulado por la Presidente de la Nación convirtiéndola en una intocable. La Cámpora sale como gran ganadora y cantera de figuras de recambio, pese a que no moviliza, no seduce y sólo es eficiente cómo agencia colocadora de empleo. Pero estos son los tres grupos que protagonizarán la lucha política los próximos cuatro años.

Octubre es la última oportunidad del peronismo de reducir el poder político de Cristina Fernández, traicionándola. Octubre es la última oportunidad que tiene el sindicalismo de movilizar sus fuerzas para impactar contra la Presidente de la Nación, traicionándola también. Octubre es la última oportunidad que tiene La Cámpora para demostrar que es la justa heredera de la Juventud Peronista que hizo volver a Juan Domingo Perón o si es una gran mentira del marketing político y electoral.

Por eso octubre es importante. No porque la oposición busque evitar que el kirchnerismo controle el Poder Legislativo. No porque Hermes Binner y Mauricio Macri crean que son sobrevivientes de una clase política vetusta y derrotada. No porque muchos de los que votaron a Cristina Fernández sin pensar, recapaciten su voto. Octubre es importante porque marcará la fuerza e intensidad que tendrá la interna entre peronistas, kirchnerista y cristinistas talibán por el control político de la Argentina los próximos cuatro años.

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