En la noche de ayer, mientras Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez, junto con sus operadores políticos, agotaban baterías de celulares buscando heridos, traicionados, frustrados y olvidados de la Casa Rosada, muchos aseguraron que con la elección de Amado Boudou y Gabriel Mariotto, Cristina Fernández había cometido sus dos mayores errores políticos desde la muerte de Néstor Kirchner.Fernández eligió. En la persona del ministro de Economía, Amado Boudou, como su compañero de fórmula, la Presidente de la Nación rompió con el peronismo de paladar negro, relegó al Partido Justicialista a un papel testimonial en su proyecto reeleccionista y comenzó a minar el poder territorial que sostuvo al viejo PJ durante las dos últimas décadas.
Con su elección, Cristina Fernández premió al más obsecuente de sus funcionarios, al padre de la inflación con dos dígitos, al economista que nunca escribió un solo paper científico, el hombre que nunca pudo acordar con el Fondo Monetario Internacional ni con el Club de París (pese a que prometió las dos cosas una docena de veces), un experto en arrebatarle los ahorros a la gente y a un ex militante de la UCEDE.
Amado Boudou es el primer ministro de Economía que nunca tomó una sola medida para aumentar la productividad industrial, bajo su mandato en el Palacio de Hacienda, la inversión se fue a pique; se alió con Hugo Moyano para fracasar en su intento de ser candidato a Jefe de Gobierno porteño y cocinó pizza con Hebe de Bonafini, mientras delante suyo se practicaba un flagrante acto de censura.
El candidato a vicepresidente de Cristina Fernández tiene varias causas judiciales por gastos irregulares en el Ministerio de Economía, denunció un espía en el Palacio de Hacienda, pero la causa fue desestimada (y nunca pidió disculpas); le hace imposible la vida a la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, en su mandato el peso perdió competitividad, volvimos a ser importadores de energía y repartió computadoras del Anses como si el organismo previsional fuera su coto personal.
La elección de Amado Boudou no le suma nada a Cristina Fernández ni en primera ni en segunda vuelta y puede ser piantavotos de la clase media y de los votantes jubilados, dado que es uno de los responsables de que el Anses no pague las causas judiciales que pierde el Estado por ajustes de haberes en los Tribunales y dilata innecesariamente los juicios, en contra de lo que ordenó la Suprema Corte de Justicia.
Al colocar a Amado Boudou como su compañero de fórmula, Cristina Fernández confirmó que quiere transitar una campaña electoral hablando de economía, lo que considera su gran fortaleza. Lo dijo en la Quinta de Olivos: los buenos datos de la economía no son fruto del viento de cola ni de las condiciones internacionales, sino de un plan diseñado por Néstor Kirchner y continuado, cuando no mejorado, por la propia Presidente de la Nación.
También queda claro que Cristina Fernández quiere usar los fracasos económicos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa para atacar a Ricardo Alfonsín, el enemigo elegido, lo que explica porqué el candidato radical designó a Javier González Fraga para ser su compañero de fórmula.
De esta forma, la Casa Rosada convirtió la elección de octubre en un referéndum económico al elegir entre el supuesto éxito del presente o los representantes de fracasos pasados, una opción errónea.
Con las carencias como economista que ha mostrado Amado Boudou en su paso por el Palacio de Hacienda, los argentinos vamos a estar eligiendo entre una mujer que no puede ver los problemas presentes de la economía y un hombre que heredera un partido que tuvo dos fracasos económicos.
Que se entienda: Cristina Fernández nos ofrece en economía algo similar a lo ocurrido en Perú, en política, donde los peruanos tuvieron que optar entre un ex militar golpista, amigo de Hugo Chávez; y la hija de un ex presidente que llevo a cabo un autogolpe, cerró el Congreso y está preso acusado de varios delitos. ¿Eso queremos para la Argentina?
Amado Boudou es el ministro de Economía que perdió el superávit fiscal y avanza hacia la pérdida del superávit comercial. Enfrente tenemos un Ricardo Alfonsín que apoyó la mayoría de las medidas más duras que tomó Cristina Fernández en su gobierno: desde la estatización de las AFJP a la nacionalización de Aerolíneas Argentinas.
En la Quinta de Olivos todos quedaron sorprendidos por el anuncio, pero todos sonrieron para la foto, felicitaron al novio, digo, al flamante candidato a vicepresidente de la Nación, comprendieron que fue el final del peronismo como poder dominante en la Argentina y esperaron recibir los correspondientes cheques que les harán olvidar el papelón del momento.
Pero no todo son buenas noticias para la Casa Rosada. Fue una semana terrible para el gobierno, el cierre de listas en la provincia de Buenos Aires fue una masacre de candidatos, intenciones, planes y voluntades de los Barones del Conurbano y del sciolismo en funciones.
Oficialmente, sólo el intendente de Malvinas Argentina, Jesús Cariglino, rompió con el oficialismo y se pasó al duhaldismo. El resto, lo hará en secreto, votando a dos puntas, como hicieron en 2009 y le permitieron a Francisco de Narváez ganarle a Daniel Scioli y Néstor Kirchner, juntos.
Sin duda, fue una semana pésima para el gobernador de Buenos Aires. Tuvo que “comerse el sapo” de la elección de Gabriel Mariotto (otro ultrafiel) como compañero de fórmula, lo que ha evaporado sus condiciones de líder de la provincia más importante para el escenario electoral.
Para muchos Barones del Conurbano, que vieron como se ignoraban sus pedidos, se les rompían las promesas en sus propios territorios y les sacaban espacios en las listas para colocar a preclaros enemigos políticos, Daniel Scioli quedó invalidado como candidato presidencial en 2015.
¿La causa? El peronismo de paladar negro sabe lo que es ser orgánicos al poder de turno, pero una cosa es alinearse detrás del “Macho Alfa” y otra es no poder elegir a su propio compañero de fórmula o perder el control de la Legislatura bonaerense, lugar donde se juegan decenas de millones de pesos para cada municipio en cada proyecto de ley que se trata.
Poco importó el enojo de Daniel Scioli el martes, cuando en el salón dónde velaron a Néstor Kirchner, Cristina Fernández anunció que se presentaría a la reelección; o las durísimas reuniones que se realizaron el miércoles y el jueves (el viernes fue el Jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, por el revuelo que había en la provincia), la orden de la Presidente de la Nación fue someter al gobernador de Buenos Aires y el ex motonauta agachó la cabeza serena y plácidamente.
Incluso, Cristina Fernández no dejó que Daniel Scioli pudiera colocar los senadores (fueron bendecidos Aníbal Fernández y María Laura Leguizamón), ni la cabeza de la lista de diputados (el elegido fue el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez, otro ultrafiel a la Casa Rosada, que nunca obedeció las órdenes del gobernador de Buenos Aires).
Al gobernador le tocaron el segundo y tercer puesto en las listas de diputados, donde fueron sus dos preferidos para acompañarlo en la fórmula: el ministro de Educación bonaerense, Mario Oporto, y su par de la cartera de Infraestructura provincial y sobrina nieta de Eva Perón, Cristina Álvarez Rodríguez. Dos premios consuelos.
La saña de Cristina Fernández contra Daniel Scioli es tal que, luego de haberle impuesto el vice, las listas de diputados y senadores y de haber sometido a los Barones del Conurbano, la Presidente de la Nación mantiene el desafío del intendente de José C. Paz, Mario Ishii, para las elecciones primarias. Dividir, acorralar, acosar y comprar son armas que el kirchnerismo maneja con destreza.
En la noche de ayer, mientras Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez, junto con sus operadores políticos, agotaban baterías de celulares buscando heridos, traicionados, frustrados y olvidados de la Casa Rosada, muchos aseguraron que con la elección de Amado Boudou y Gabriel Mariotto, Cristina Fernández había cometido sus dos mayores errores políticos desde la muerte de Néstor Kirchner.
Si bien la Presidente de la Nación y su entorno repiten como loros que Cristina Fernández tiene los votos, si el aparato partidario no se mueve detrás de las candidaturas, no habrá triunfo en las urnas. Por eso, dentro del PJ bonaerense la creencia era que la posibilidad de victoria en primera vuelta se había esfumado, pero no dudaban de la segunda.
Pero como el peronismo cambia a fuerza de traiciones paulatinas, la verdad recién se verá en las urnas en octubre. La oposición tiene una excelente oportunidad para aprovechar los errores cometidos por Cristina Fernández en la semana, pero decenas de ocasiones previas fueron desperdiciadas por candidatos pacatos y con escasas luces.
Incluso, en medio del revuelo electoral que causó Cristina Fernández, el gobierno siguió cometiendo errores que la oposición no aprovechó y que confirman lo que será un segundo mandato cristinista.
Manotear 3.000 millones de pesos del Banco Nación, enviar gendarmes y prefectura en la zona sur de la Capital Federal rompiendo el monopolio que tiene la Policía Federal en la seguridad y los negocios con el delito y el seminario para directores de empresas cotizantes para que intervengan en la vida diaria de las compañías y obliguen a los empresarios a pagar más dividendos al Anses, son muestras de lo que veremos.
Todavía falta ver como se terminan de repartirse las últimas cartas en territorio bonaerense, pero poco importan. La verdadera carrera por la presidencia 2011-2015 comienza ahora. Cristina Fernández empieza con muy buena imagen e intención de votos, pero con graves daños causados al peronismo. Muchos errores más podrían cometerse en la campaña electoral. Quedará en la oposición aprovecharlos, pero no es posible pelear una elección esperando los errores del otro y no obtener éxitos propios.
También habrá que seguir la lucha que se desatará en los gabinetes nacional y bonaerense por la gran cantidad de ministros que serán candidatos en diversos distritos. Salvo que sean testimoniales, como ocurrió en 2009. ¿Será el caso de Amado Boudou?
"SIN SACO Y SIN CORBATA"/radioelmundodigital.com
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