
El distanciamiento público con Hugo Moyano que la presidente quiso remarcar con su ausencia al acto realizado por la CGT el viernes pasado no fue un hecho aislado.
En la reunión de anteayer en la Casa Rosada con la cúpula sindical, se produjeron varios hechos coincidentes.
Durante la reunión, CFK interrumpió a uno de los sindicalistas que estaba hablando para reprocharles a todos: “los hemos llenado de subsidios así que lo menos que pueden hacer es apoyarme sin ningún cuestionamiento”.
No se había disipado la tensión en el ambiente cuando Isidro Bounine, secretario privado de la presidente, le entregó a ésta un papel.
Cristina, indignada, se dirigió entonces al jefe de los judiciales, Julio Piumato, diciéndole que estaba twiteando acerca de lo que se hablaba en la reunión y que le ordenaba que dejara de hacerlo inmediatamente.
Aparentemente, un dispositivo de control instalado recientemente en determinadas áreas del edificio había captado que el sindicalista estaba filtrando información de la reunión.
Ayer, CFK replicó indirectamente en público a Moyano al decir que en la Argentina ya se está cumpliendo el fifty-fifty. Se refería a las palabras del camionero en el acto del viernes, citando supuestamente lo que Perón decía acerca de la participación de los trabajadores en la renta nacional.
La preparación
Estas anécdotas tendrían que ver con la decisión del núcleo duro del kirchnerismo de plantarse ante Moyano y su séquito, demostrándole que no deben esperar en lo inmediato demasiadas concesiones.
Según una interpretación, el tema del próximo round será el reparto de las candidaturas para diputados nacionales.
Cristina estaría resuelta a redactar las listas con la participación de su círculo íntimo y a darle a la CGT una participación mucho menor al 33% que reclaman.
Alexis Di Capo/Informador Público
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