
El negro llamado más tarde Manuel y que el pueblo creyente un día veneraría como el fiel esclavo de la Virgen de Luján sabemos que nació en la Costa de los Ríos, en la zona tórrida y occidental del África, por los años de 1604, en tierras llamadas también de Guinea, hoy enmarcadas en distintos Estados.
EL MILAGRO DE LUJAN
El conductor de las Santas Imágenes buscó una tropa de carretas y con ella partió al Norte, tomando para la primera parte del viaje, bien por amistad, bien por contrabando, el camino viejo en vez del nuevo, que era más cómodo. La primera noche paró el convoy en el río Las Conchas, en el hoy Paso Morales del Partido de Hurlingham. Y al atardecer del segundo día se detuvo la tropa en la estancia de Rosendo, al presente propiedad de Bemabé González Filiano, ubicada frente al río de Luján. Grande fue el contento del negro esclavo Manuel, que moraba en esa estancia, al encontrarse con su antiguo amo y más al saber que consigo traía las Santas Imágenes. La tropa paso una noche tranquila.
Al día siguiente, una clara mañana de la primera quincena de mayo, al querer proseguir la marcha sucedió, que unidos ya al carretón los bueyes por más que tiraban, no podían moverle ni un paso. Admirados de la novedad los circunstantes preguntaron al conductor: ¿Qué carga trae? Respondió que la misma de los días precedentes, y pasando a individualizarla añadió: Vienen aquí también dos cajones con dos bultos de la Virgen, que traigo recomendados para la Capilla nueva de Sumampa.
Discurriendo en tan extraña novedad, uno de los presentes, el negro Manuel, movido por la gracia de Dios, dijo: Señor, saque del carretón uno de los cajones, y observemos si camina.
Así se hizo, pero en vano, porque por más que tiraban los bueyes, el carretón seguía inmóvil. Truéquense, pues, los cajones, -replicó el negro Manuel, veamos si hay en esto algún misterio. Sacóse el cajón que había quedado y cargóse nuevamente aquel que había sido sacado; y sin más estímulo tiraron los bueyes, y movióse sin más dificultad el carretón.
Aquí fue cuando llegó la admiración a romper el silencio, a soltarse la lengua de todos en piadosos clamores y los ojos a liquidarse en lágrimas de enternecimiento, levantando todos el grito y repitiendo a una voz: ¡Milagro! ¡Milagro!.
Insinuó entonces el negro Manuel: Esto indica que la Imagen de la Virgen encerrada en este cajón debe quedarse aquí. Todos entendieron ser particular disposición de la Divina Providencia que dicha Santa Imagen se quedase en aquel paraje y así se dispusieron a cumplirlo.
Abierto el cajón encontraron una bella imagen de María Santísima en su advocación de la Purísima Concepción, de media vara de alto y con las manos juntas. Al punto, postrados en tierra la veneran todos y la cubren de besos. Verdaderamente, el milagro de la carreta y el hallazgo de la hermosa imagen de María Inmaculada fascinó a todos los presentes, pero especialmente el suceso imprimió en el alma del negro Manuel un sello imborrable. En su corazón juró el negro no separarse jamás de tan excelsa Señora.
Largo rato estuvieron aquellos traperos y demás allegados de la estancia absortos ante la Santa Imagen de María, pero al fin creyeron oportuno dejarla por entonces en la casa de la estancia de Rosendo, y el convoy prosiguió su camino al Norte con el cajón de la otra Santa Imagen, divulgando por doquier el portento acaecido. Y los fieles empezaron a venerar a la Virgen Santísima en aquella santa imagen y Ella correspondió con repetidos prodigios y maravillas.
Aquí va la historia completa de sus más de 50 años de dedicación al cuidado de la imagen: de Nuestra Señora:
Fuente: www.basilicadelujan.org.ar/
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