
fundó una escuela en el plano salteño
A pesar de haber sufrido un accidente con el parapente que usaba para unir los pueblos del plano del norte de Salta, el padre Sigfrido Moroder –Chifri– continuó con su obra: fundó la primera escuela secundaria albergue de montaña y un sistema de trueque comunitario, y escribió un libro con su experiencia. Historia de un líder solidario de bajo perfil.
Por Agustina Grasso
Alas. Un par de alas, le pidió. Un par de alas para volar, misionar, ayudar, educar y trasladarse por los pueblos del departamento de Rosario de Lerma en Salta, una zona serrana y muy desolada del norte del país. A cambio, el sacerdote católico Sigfrido Moroder –conocido como padre Chifri– recibió un parapente con el que sobrevolaba los pueblos de Rosario de Lerma, Campo Quijano, La Silleta, El Mollar, Santa Rosa de Tastil y El Alfarcito, entre otros.
Nadie se quería quedar en los cerros. De las 25 comunidades, la mayoría era gente mayor. Todos los jóvenes que nacían allí, partían hacia la ciudad en busca de ilusiones que pocas veces se transformaban en realidad. Terminaban en la periferia de las pequeñas urbes. A partir de 1999, ese deseo comenzó a cambiar.
El padre Chifri fue enviado como misionero a la Quebrada del Toro: “Había que hacer algo para que los habitantes del lugar amen su tierra y generen una identidad”, explicó a PERFIL.
Entonces conectó, a través de una emisora de radio, a las 18 escuelas de los pueblos, que hasta ese momento se encontraban incomunicadas: a 3.700 metros de altura sobre el nivel del mar, sin señal de celular y a horas de caminata entre las casas.
Chifri, amante de los deportes, comenzó a recorrer como mochilero los cerros para conocer a la gente de la zona. Así empezó a hablar con la gente, dar misa y contar, a través de la frecuencia, las necesidades de los maestros. Se armaron colectas y talleres de costura para la ropa donada. Pero el padre Chifri quería darle a los cerros “una salida productiva, más que asistencialista”.
Entonces creó Expocerros, ferias de artesanías itinerantes que mostraban productos creados por los pueblerinos mismos, cuya ganancia era para ellos. Además se brindaron becas de estudios para los que terminaban la primaria y armaron, a partir de un micro donado, “el colectivo de los sueños”, que recorría las montañas con juegos y música en su interior. “Les damos a los chicos herramientas que de otra manera no tienen acceso”, completó Chifri.
Como broche de oro de las tareas, que primero realizó solo y luego con voluntarios que lo iban ayudando, fundó la sede de su obra: la Fundación Alfarcito, ubicada en el pueblo que lleva ese mismo nombre y está, estratégica, ubicada en el medio del plano.
Todo por un remolino.
Con más de 200 vuelos de experiencia, en 2004 un remolino hizo que el padre Chifri perdiera el control del parapente y cayera desde 40 metros de altura. El golpe le quebró la primera vértebra lumbar. Tuvo que ser operado y quedó parapléjico. “No vas a volver a caminar”, sentenciaron los médicos al hombre que supo combinar el deporte con la misión.
Al hombre emprendedor que desde chico entrenaba rugby y corría. Los meses pasaron; lejos de mejorar, empeoraba. “Me sentía en el abismo, no entendía por qué Dios me había hecho esto”, relató Chifri.
En silla de ruedas, volvió a Salta con su gran familia, donde no había la calidad de profesionales que tenía a su disposición en Buenos Aires. Pero viajó al Alfarcito. La Iglesia fue su gimnasio, armó aparatos de rehabilitación “caseros” y estuvo dos años y medio con algunas jornadas de cinco horas diarias de rehabilitación. Un camino “quijotesco” que dio sus frutos.
Atado a los pedales y tras varios intentos, pudo andar en bicicleta con pedales fijos. Fue en ese momento en el cual se le vino a la mente la frase “Después del abismo”, que más tarde sería el título de su libro.
Ahora recorre los cerros en su burro rojo, un cuatriciclo que le regalaron.
Esta semana estuvo de visita en Buenos Aires, dando charlas en el colegio Don Bosco de Ramos Mejía y en el Centro Cultural Recoleta. También tuvo un stand con su fundación en la Eco Industria.
Allí contó la experiencia de su última obra, inaugurada el año pasado: la primera escuela secundaria albergue de montaña. Se trata, nada menos, de un colegio público de gestión privada que está habilitado para alojar a más de sesenta chicos de los distintos pueblos del cerro.
Algunos se hospedan toda la semana y otros recién vuelven a sus casas luego de terminado el primer cuatrimestre.
Según Chifri, la obra tiene una conexión muy especial con la montaña: “Se respetó la estética, tiene un sistema de calefacción y cocina solar. El abastecimiento de agua también proviene del cerro”.
Sus proyectos no terminan aquí: tiene pensado un proyecto para producir papa andina y hacer un centro deportivo de montaña con pista de atletismo y canchas de fútbol y vóley, entre otras iniciativas.
Gran parte de sus obras se financian a través de donaciones de particulares y grandes empresas. Para la escuela, firmó un convenio con el estado provincial para que se encargue de los sueldos docentes y de los alimentos.
El sacerdote predica con los hechos: “La iniciativa cierra conceptualmente y queremos que sea replicable a otras poblaciones andinas”.
Esa caída, que él mismo no terminó de comprender, lo hizo atravesar “un camino de mucha oscuridad”.
Tras superar esa etapa, y sin las alas que había perdido, Chifri voló igual.
Aportes
La obra del padre Chifri es posible gracias a las donaciones de particulares, empresas y fundaciones. También por premios que obtuvo: el año pasado fue nombrado el abanderado solidario 2010 por Canal 13 y le otorgaron $ 50 mil. También ganó un concurso organizado por Fundación Vida Silvestre y Coca Cola, que consistió en el financiamiento de la obra de agua potable para Alfarcito.
Sin embargo, desde la fundación destacan que, aunque sorprenda, el mayor aporte es realizado por las donaciones particulares de especies (ropa, útiles para las escuelas albergue de montaña) y monetarias.
Este año incorporaron el servicio de débito automático mensual con una colaboración base de $ 5, que es de gran ayuda para las obras. Más información: contacto@fundacionalfarcito.org.ar.
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1 comentarios:
excelente y gracias por hacernos ver que no todo esta perdido.
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