Los pasajeros comienzan a abordar el avión casi junto con la tripulación.Con horror, ven que el piloto y el copiloto son no videntes: uno lleva un bastón blanco y el otro es auxiliado por un perro lazarillo.
Uno de ellos incluso aparta a los pasajeros a bastonazos, hasta que llegan al cockpit y cierran la puerta.
Los pasajeros pasan rápidamente del asombro al horror cuando el avión comienza a carretear con esos dos comandantes piloteándolo.
Los viajeros se miran entre sí con creciente desconfianza; la aeronave llega a la cabecera de pista y comienza a acelerar para el decolaje.
Los pasajeros comienzan a hablar, después a levantar la voz y, cuando la máquina está recorriendo los tramos finales de la pista, el murmullo se convierte en un griterío ensordecedor de pánico.
En ese momento, el avión se eleva y comienza a ganar altura: quedaban menos de tres metros para el final del asfalto. En la cabina, el copiloto deja salir un suspiro de alivio y le dice al comandante:
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