Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones

San Agustín de Hipona



DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN: DEBO RETRACTARME. PARECE SER QUE EN REALIDAD
PERTENECÍA AL REVERENDO J. H. Boetcker.
1. - Usted no puede crear prosperidad desalentando la Iniciativa Propia.
2. - Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.
3. - Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.
4. - Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.
5. - Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.
6. - Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.
7. - Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.
8. - Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.
9. - Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su
independencia (libertad) e iniciativa.
10.- Usted no puede ayudar a los hombres permanentemente, realizando por ellos lo que ellos pueden y
deben hacer por sí mismos

El que tiene un derecho no obtiene el de violar el ajeno para mantener el suyo.

José Martí

Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
San Agustín

lunes, 3 de mayo de 2010

BRAGADO, 1931: Dr. FRANCISCO MELITÓN MACAYA, LA HISTORIA DE UNA INJUSTICIA

Dr. Francisco Meliton Macaya










Dedicatoria de Vuotto a Macaya











Casa de Blanch_Bragado.







Mainini_Vuoto y De Diago.






Juan Rossini.











Juez Carlos Díaz Cisneros.

















Paula Arraubarrena_ Víctima.




















Gilbert, Realy y Ange_Los Policías La Plata.



María Enriqueta Blanch_víctima



En Honor a la Verdad

Dr. Francisco Melitón MACAYA




Historia de un médico, profesor y funcionario digno y ejemplar

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”

Mahatma Gandhi

Síntesis de los hechos de Bragado desde 1931

Introducción.

Los hechos de Bragado están insertados dentro de un período muy particular de la historia Argentina, que nos van revelando el clima de violencia, fraude y corrupción que se vivió en esa década de 1930. Para una mayor comprensión se hace imprescindible partir del contexto geográfico, social, económico y político que limitaba a la generalidad de la población Argentina. A partir de este contexto para ubicarnos históricamente, se mostrará la historia no conocida de Francisco Melitón Macaya, un hombre perteneciente a una familia honorable, tradicional y Conservadora de Bragado; que jamás se plegará a las argucias policiales, judiciales y políticas de esa facción conservadora gobernante que fabricó a los culpables de los hechos de Bragado. Este hombre dio vuelta la historia y su testimonio fue de fundamental importancia no sólo para el caso de los presos, sino como ejemplo de valores de vida que trascienden a toda época y situación política.

El proceso de los presos de Bragado que se desarrolló durante la “década infame” tuvo una resonancia obrera y también popular, como no se ha registrado otra similar en la historia Argentina. La justicia definitiva llegará en 1993, después de más de sesenta años del hecho y con todas las víctimas fallecidas. El protagonista histórico que anónima y humildemente culminó la obra que comenzara su padre en 1931, fue el Doctor Francisco Andrés “Pancho” Macaya. En varias oportunidades aconsejó a Pascual Vuotto –una de las víctimas sobrevivientes- para que lograra una Ley Nacional de desagravio del buen nombre, memoria y honor a través del Congreso de la Nación; para De Diago, Mainini y Vuotto. Esta Ley se sancionó el 28 de julio de 1993, con todos sus protagonistas fallecidos, pero cerró estos hechos con justicia a finales del siglo XX.-

Ubicación geográfica.

La ciudad de Bragado fue el epicentro donde se desarrolló la tragedia que tuvo trascendencia nacional durante largos años. Está situada en la Provincia de Buenos Aires, a 210 km. de la Capital Federal, en dirección oeste. Las vías de comunicación para llegar a ella son varias, entre las más importantes: la ruta nacional Nº 5 que la une a Capital Federal y a Santa Rosa (Pcia. de La Pampa); y, el Ferrocarril del Oeste (llamado así en esa época) con idéntico recorrido al de la ruta mencionada.

En la década de 1930, solo se accedía a Bragado por ferrocarril y por caminos de tierra. La población del Partido en aquellos años no pasaba los 16.000 habitantes, del cual la ciudad de Bragado era la cabecera política. Era una pequeña ciudad, pero pujante debido a la calidad de sus tierras, al desarrollo agrícola ganadero y al trabajo de su gente, por la que se logró formar una fuerte actividad industrial.

Situación política en 1930 – 1931.

Argentina vivía la dictadura del General Uriburu, regía el estado de sitio, las garantías eran mínimas y estaban sujetas a lo que interpretaran los representantes de ese orden que gobernaba. Los objetivos principales de esta dictadura fueron claros y precisos: eliminar el movimiento obrero de la FORA (Federación Obrera de la República Argentina) y de toda corriente social de izquierda, incluida la anarquista.

En el primer año de gobierno dictatorial, se empleó la violencia directa a través de fusilamientos, deportaciones, torturas y presidios; todo esto se realizaba bajo la consigna de poder así “salvar al país”.

A partir del 6 de setiembre y durante mucho tiempo se desató una cacería sin igual desde el gobierno de militantes obreros libertarios (anarquistas). Es así que en la ciudad de Buenos Aires y en la Provincia de Buenos Aires los resortes del poder eran manejados por la oligarquía más retrógrada conservadora, y esa persecución alcanzó niveles de crueldad sin límites, de perversión y saña pocas veces visto.

En la ciudad de Bragado se reflejaba lo mismo que acontecía en la Capital Federal y en la Provincia de Buenos Aires: radicales y conservadores dividían al electorado tratando de llevarse la mayoría en época de elecciones. Sus “caudillos” eran un puente necesario para alcanzar las expectativas y necesidades del pueblo; para llegar a través de él a “la gran política” que se “cocinaba” en Buenos Aires y en La Plata. (1)

Los caudillos de ambos partidos eran hombres amados, respetados u odiados de acuerdo al color político del ciudadano. Manejaban la política desde un comité, en el cual se hacían reuniones sociales, se jugaba y se daban a sus correligionarios empanadas y vino para tener sus lealtades. Siempre se acudía al Comité a pedir al caudillo favores, como por ejemplo un cargo público local, provincial o en Buenos Aires. También para evitar una multa, para recomendaciones de cualquier tipo y para tener la garantía de algún conocido para determinado asunto. En el mismo comité se proyectaba la política en el orden local y fuera de él, el caudillo recorría a su clientela en los distintos barrios, saludando e interesándose por las necesidades de sus leales.

Estos caudillos eran hombres de riqueza y éxito, generalmente alternaban sus profesiones y negocios legales y limpios, con otras cuestiones menos claras como las carreras de caballos, negocios de todo pelaje y hasta el manejo de prostíbulos, poniendo al frente de todos estos negocios a los más jerarquizados ‘matones’ de entre sus grupos de seguidores. Fue una época en la cual importaba más la Libreta del ciudadano que su voto. Esto también ocurría en Bragado, como en todo el país, ese juego político generaba diversas facetas: alianzas, enfrentamientos, prédicas, conversaciones, amenazas, demandas, advertencias y fraude. Estas acciones se franqueaban entre radicales y conservadores, no sólo para las ambiciones personales, sino para resolver negocios y por problemas de mujeres. Era un sistema político corrupto, pero la mayoría de los ciudadanos de la ciudad se dedicaba a su diario trabajo y no a las prácticas ilícitas que imponía ese método.

La mayoría de la población de Bragado se dedicó a su trabajo cotidiano y no a las prácticas del sistema político corrupto que imperaba. Pero la situación se iba a tornar preocupante a raíz de la situación de miseria por la que pasaban los peones rurales, especialmente los trabajadores en la producción de papa.

La presencia de problemas sociales que surgieron en la ciudad derivados de la situación de pobreza y el pedido de mejoras, hizo que los anarquistas se pusieran al frente del conflicto, nucleándose a través del Sindicato de Oficios Varios, y desde el mismo trabajaron para alcanzar una filial de la F.O.R.A. en Bragado. Estas demandas por mejoras al trabajador rural desencadenarían el conflicto que estalla en 1929-1930 en el sistema de producción papera y se extiende a toda la Provincia de Buenos Aires, teniendo como centro importante a Bragado.

Así, rápidamente la FORA y los anarquistas entran en el conflicto papero y las demandas de mejoras que reclamaban por escrito, pasan a la acción directa: se declaró el boicot y la huelga. La FORA, a través de su periódico “La Protesta” anunciaba que llevaría a militares sin ocupación hacia ese lugar conflictivo, reforzando de esta manera la calidad y el número de agitadores. Durante un trimestre los paperos se opondrían a los consignatarios y a los propietarios. En este lapso, los obreros no sólo se enfrentaron a la falta de sensibilidad de los propietarios y consignatarios, sino también a la total subordinación de la policía local y provincial a favor de los dueños de las tierras. Hubo represión policial con la anuencia de algunos civiles que eran empleados de los propietarios lo que produjo grandes roces e incluso se llegó a enfrentamientos directos con los anarquistas. Este conflicto se sofocó sin que los trabajadores pudieran lograr alguna mejora y dejaría en cambio, heridas profundas que se manifestarían en un resentimiento mutuo entre anarquistas y funcionarios policiales; ambos prometían amenazas a cumplir con respecto al otro.

Luego del golpe de estado del 6 de setiembre de 1930, se cancelan los derechos democráticos; y la política en Bragado como en todo el país, fue una prolongación de la impunidad con que los conservadores afines al Poder Ejecutivo -presidido por el Gral. Uriburu- manejaron la política desde el gobierno Nacional y Provincial. El clima general en todo el país era de gran violencia y represión contra el movimiento obrero, cuando se realizó en Bragado, el 16 de junio de 1931, una reunión con la intención de resolver los compromisos solidarios del momento: estaban los principales dirigentes presos o deportados. Algunos concurrentes criticaron la actitud escueta de la FORA con respecto al golpe de estado. En definitiva esta reunión tuvo poca asistencia de obreros anarquistas. Sólo concurrieron obreros de Bragado y sus alrededores. Los motivos de la escasa asistencia pudieron ser la torrencial lluvia de ese día o que estuvieran en desacuerdo con esa reunión que solo iba a solidarizarse con los obreros que estaban presos y no se iba a acordar realizar acciones más directas. El compromiso asumido en la reunión fue el de solidaridad con los presos.

Bajo este clima se produce el atentado de Bragado.

La bomba y el horror que le siguió.

Estamos ya ubicados en la ciudad de Bragado un 5 de Agosto de 1931. Nadie sospechaba en la tranquila ciudad lo que prontamente iba a sacudirla: un hecho que jamás hubieran imaginado. El mensajero de la Estación de ferrocarril, Modesto Saavedra, dejó una encomienda en la casa de José María “Pito” Blanch, en la calle Brown 567. Este era un caudillo conservador y su domicilio se sabía era la cita obligada de lo más distinguido de ese partido en toda la región; por lo cual una encomienda con regalos de frutas, en este caso un cajón con manzanas, no llamó la atención de nadie, simplemente se pensó que sería un obsequio que algún partidario fiel le quiso hacer llegar.

El cajón de manzanas fue recibido por Juana, esposa de Blanch; su única hija de 12 años, María Enriqueta y Paula Arruabarrena, hermana de Juana. La alegría mezclada con una gran curiosidad llevó a las mujeres a colocar el regalo sobre una mesa ubicada en el centro de un largo corredor, y comenzaron a abrirlo...Era mediodía, las 12,30 hs. exactamente, cuando sorpresivamente un estruendo espantoso, infernal sacudió la casa y todo lo que la circundaba. Por la onda expansiva de la bomba Paula y María Enriqueta, -tía y sobrina- volaron por el aire. Hasta el canario que estaba en su jaula en el mismo corredor terminó muerto y estampado en la pared de una casa vecina. Todo era un infierno, gritos desgarradores, dolor, confusión. Paula falleció a las cuatro de la tarde de ese día, de acuerdo al acta Nº 246, y María Enriqueta muere al día siguiente, acta Nº 248. La señora de Blanch, Juana, fue la única que sobrevivió, quedando herida.

La información a través de la prensa nacional

La prensa nacional, provincial y local comentó abundantemente el hecho: un tremendo atentado anónimo, que había dejado el saldo de dos víctimas inocentes. Desde todos los niveles se reclamaba justicia. Era una época brava, las pasiones políticas exacerbaban los ánimos y la muerte se convertía en una solución como medio eficiente de sacarse de encima al enemigo.

El diario “La Nación”, del día 6 de agosto de 1931, informaba: “Cometióse ayer un criminal atentado contra un político conservador de Bragado”. “Desde Olascoaga se le envió por encomienda a José M. Blanch un cajón que contenía una poderosa bomba, cuya explosión determinó dos víctimas”.... “El hecho... no pueden caber dudas, ha respondido a un sentimiento de venganza”.

“Con fecha 31 del mes último (Julio) se había recibido en la Estación de Bragado un cajón con destino al Sr. Blanch, que fue expedido el mismo día a las 14.35 hs. de la estación Olascoaga. El Sr. Blanch que había recibido, el 5 de agosto, la guía por carta, haciéndosele saber que se le mandaba un cajón con manzanas, mandó por la encomienda a la Estación al cochero José Leone, hombre de confianza. Cumplida la dirigencia el auriga hizo entrega de la encomienda a la familia Blanch a las 12.30, como se verá a continuación en lugar de contener manzanas, el cajón encerraba una poderosa bomba”. “...Varias personas han visto al sujeto que en Olascoaga depositó el cajón de frutas y aseguran que lo reconocerían. Como Olascoaga es un pueblo reducido que está próximo a Bragado, un forastero llama poderosamente la atención. Dicho sujeto estuvo en el Correo queriendo despachar la encomienda como conteniendo productos de granja, y dado que no se la admitieron, lo hizo en la Estación...” “....el Sr. Blanch es una persona de actividad intensa en la política, la policía cree que el atentado puede tener origen en una venganza de ese carácter, y se supone que el autor sea anarquista o radical Yrigoyenista”.

Las investigaciones.

Toda la atención nacional se centró en Bragado. ¿Quién era José María “Pito” Blanch? ¿Quiénes eran sus enemigos? ¿Tanto odio despertaba como político lugareño para semejante atentado?

Se sabía que José “Pito” Blanch era un caudillo conservador no muy importante, y candidato a Senador provincial. Había tenido los enfrentamientos normales de la política y nunca había accionado de manera tal que se justificara ese atentado criminal contra su familia de manera tan directa.

La investigación sería sin duda difícil, la población estaba desorientada sobre los móviles de este atentado; al igual que la Policía. Pero comienzan a practicarse detenciones, por haber surgido indicios.

Se traslada a la ciudad de Bragado un equipo de Investigaciones de la Policía de La Plata para hacerse cargo de investigar el hecho. Estaba integrado por el Comisario Enrique William, y los oficiales Ledesma, Rojo, Tula y Vinoti. Años más tarde el cuñado de Blanch, Señor Arroubarrena, declaraba en 1985: “Trajeron a tres torturadores de La Plata –se refería a los oficiales de policía-. A uno le decían ‘El Ruso’. Yo estuve comiendo asado con ellos y luego los llevé en el coche de “Pito” Blanch a una redada por las orillas de la ciudad”.

“En un momento que estuve en la comisaría pude espiar por una hendija de la ventana y vi como torturaban a Vuotto: estaba atado a una silla y lo golpeaban en el pecho y en la espalda. También le frotaban líquido por la espalda”. “También pude presenciar simulacros de fusilamientos...”. “.....En casa de mi hermana, yo estaba cuidándola, la policía le trae a ‘Pito’ un presunto terrorista al que emprende a trompadas: le da una paliza bárbara y resulta que el tipo no tenía nada que ver”. “...’Pito’ tenía dos enfermedades: sífilis y diabetes, murió en el año 1939”. “... Sólo le tenía miedo a la ‘Vasca’ –mi hermana, su esposa- ... se llevaba a todos por delante. Tenía casas de juegos, caballos de carrera.....Era neurótico e irascible”. (2)

La investigación se orienta al principio hacia los enemigos políticos del señor Blanch: los Radicales. Estos habían sido desplazados del gobierno por el golpe del 6 de setiembre de 1930. Desde el día 8 de agosto hasta el 12 de agosto ya llevaban una treintena de detenciones y la mayoría de filiación radical. De acuerdo al informe de la Policía entre ellos hay varios comprometidos. Siguen las detenciones y la investigación parecía bien orientada.

Se inician fuertes presiones desde las altas esferas gubernamentales para el esclarecimiento del hecho. Para el 12 de agosto, se hace un allanamiento en una casa de la Capital Federal, en calle Gaona Nº 72. Son detenidos Juan Perutti y Melchor Durán, ambos radicales. Juan Perutti, el 15 de agosto en horas de la tarde, estando en el calabozo intenta suicidarse haciéndose un corte en la garganta, utilizando un pedazo de vidrio de una botella rota.

A pesar de la seria acusación sobre el y las graves pruebas que decía la Policía tener sobre él; de manera sorpresiva lo dejan en libertad y se abandona la pista que decían era la más segura. La investigación iba a tomar otro rumbo.

La trama siniestra

Al poco tiempo se supo que los investigadores habían recibido un anónimo, que no era tal, ya que por la letra se supo que su autor era el ex comisario Geremías Parisi que había actuado en Bragado, y también se aseguró en aquel momento que se había prestado a mandar el anónimo para salvar a los verdaderos autores que eran sus amigos.

El anónimo estaba redactado usando la típica terminología policial, y acusaba a obreros militantes de la FORA, indicando que se los podía detener si seguían las indicaciones que daba. Tanto la persona citada y su testimonio en el anónimo, como también los datos que informaba, no dejaron ninguna duda: la denuncia había sido hecha por inspiración del ex Comisario Parisi. Este Jefe policial se había caracterizado por perseguir a militantes libertarios –anarquistas- de Bragado y zona circundante, con anterioridad a estos hechos.

Así quedaba facilitada para la Policía el encontrar los culpables o producirlos, al cambiar la orientación de la investigación y de acuerdo a las órdenes recibidas. Tenían la creencia que la opinión pública iba a creer fácilmente que un atentado de este tipo sólo podían realizarlo los anarquistas.

El propio José “Pito” Blanch, creaba un obstáculo al declarar que el autor del anónimo era un enemigo suyo, que integraba el grupo de Durán y Perutti; teniendo toda esta situación el objetivo de desorientar la investigación. Pero esta declaración de la víctima del terrible atentado no fue escuchada y se siguieron las indicaciones del anónimo.

La Policía no podía volver a fracasar. Se comienza a organizar la trama siniestra... Para mediados de agosto se inicia la operación de rastrillaje en una extensa zona para buscar obreros que fuesen anarquistas. Las detenciones son sin distinción; luego pasarán a seleccionar a las presas.

Todos los obreros, militantes libertarios, fueron detenidos de acuerdo a lo que especificaba el anónimo y no al azar. La Policía a través del citado o por sus propios medios se había enterado de una reunión realizada en una quinta cercana a Bragado, el día 16 de julio, a la que concurrieron las personas detenidas. Estas admitieron el hecho y expresaron por igual que la reunión había tenido como objetivo reunir fondos para publicar un Boletín contrario a la dictadura que estaba gobernando la nación. También informaron a la policía que habían expresado en la reunión sobre la situación que padecían los presos sociales y de la persecución tremenda y metódica que soportaban los anarquistas y los sindicatos de la FORA.

En la Estación Durañona, el 16 de agosto de 1931, es detenido Pascual Vuotto; que prestaba servicio como empleado del ferrocarril provincial. Luego detienen a Julián Ramos en Mechita, obrero que limpiaba las máquinas del ferrocarril del Oeste; a Reclús de Diago en Castelar, era obrero de ladrillos; a Santiago Mainini en Lomas del Mirador, obrero de ladrillos; y a Juan Rossini en Castelar; también ladrillero. Son detenidos por segunda vez Fernando López y Ramón Bodelón, que habían sido ya detenidos el 5 de agosto y liberados al día siguiente por la declaración hecha sobre esta situación por el propio José Blanch, que había afirmado: “no tienen nada que ver los anarquistas en este hecho, obedece sólo a una cuestión personal”.

Esas reuniones clandestinas de los obreros anarquistas eran comunes en estos años en todo el país. No fue así, para el Comisario Instructor Enrique Williman, que estaba a cargo de la investigación. La reunión era lo que la policía necesitaba para acusar a los concurrentes a esa quinta de propósitos conspirativos, ideas terroristas, etc.; y ser el punto de partida del atentado en Bragado.

Pero los citados no fueron los únicos detenidos. Más de cien trabajadores de Morón, Lomas del Mirador, Avellaneda y de la Capital Federal fueron apresados. Así los militantes anarquistas iban cayendo a través de los allanamientos, que se multiplicaron, a la prisión. Algunos de estos detenidos fueron trasladados a la ciudad de La Plata, al Departamento de Policía. Aquí se realizaba la selección: una parte de los detenidos iba a la cárcel de Villa Devoto y estaban a disposición del Poder Ejecutivo; la otra parte de detenidos era enviada a la Comisaría de Bragado. Sólo los detenidos Santamaría y Comerón fueron deportados.

El gobierno, ante semejante movimiento y detenciones, comenzó a sostener que el atentado de Bragado era el comienzo de un gran complot. El 24 de setiembre la Secretaría de la Presidencia, da un comunicado oficializando el complot y el atentado tramado por anarquistas y radicales. En el mismo agregaba que seguirían varios atentados semejantes al de Bragado, y que todo esto estaba relacionado con el intento revolucionario desde Corrientes, propiciado por el Coronel Pomar.

La flagelación, el martirio y el calvario de los detenidos.

En la ciudad de Bragado se concentró el mayor calvario para los detenidos a causa de la investigación por el atentado a la familia Blanch.

De acuerdo a declaraciones realizadas tiempo después por las víctimas sometidas a esos terribles tormentos, los interrogatorios que se realizaron en sede Policial de esa ciudad, eran interminables, los colocaban a los señalados culpables en una silla de respaldo alto, donde esposados eran atados de pies y manos por debajo de la misma, y castigados con gran ensañamiento en distintas partes del cuerpo.

Estos tormentos eran practicados sistemáticamente con gran crueldad, lo que hacía que los presos fueran aniquilados física y moralmente. También eran sometidos a plantones de varias horas para quebrantarlos en toda forma. Otra forma que utilizaban para presionarlos era hacerlos escuchar a sus mujeres y niños que se acercaban a la Comisaría para saber la suerte corrida por el familiar detenido y se los retenía varias horas en el lugar. Hacían oír a los detenidos las voces de su familia sin poder verlos o estar con ellos, lo cual constituía un martirio mayor. Todo lo calculaban con una frialdad y maldad sin límites. Dos de los detenidos llegaron al límite de la locura por los “hábiles interrogatorios”: Monghelli y Rossini. El primero trasladado a la ciudad de La Plata con el famoso chaleco por su estado de insana. Rossini, desesperado por no volver ha ser interrogado, metió los dedos en la grampa de la puerta para trabar la entrada de los policías; pero hicieron tanta fuerza para abrirla que le destrozaron tres dedos de su mano. Los gritos de dolor se escucharon en varias cuadras. Un niño de tan sólo 12 años, Héctor Woolands, fue atado a una silla por vivir en la casa de Vuotto. Lo amenazaron en toda forma para que hablara, pero a pesar del terror que sufrió ante brutal inquisitoria, el niño no pudo decir nada. De Diago, otro de los detenidos inocentes, tuvo que escuchar por horas el llanto de su hijo de seis meses de edad, por haber ido su mujer a preguntar por la suerte corrida por su marido. No dudaron en sacarle por 24 horas al bebé, encerrando a su madre en otra habitación sin que pudiera amamantarlo, para que De Diago escuchase las súplicas y llantos de su mujer y el quejido constante de su bebé. (3)

También se hicieron simulacros de fusilamiento con varios de los detenidos para que reconocieran su culpabilidad en el atentado. En medio de uno de estos simulacros se le pidió a Pascual Vuotto para salvar su vida que acusara a radicales de la ciudad de 25 de Mayo, los señores Cetrá y Grau. El se negaría otra vez más a plegarse a tamaña mentira. En esos días de terror para los presos inocentes, el diario de Bragado “El Luchador” informaba la muerte de Vuotto “por una lesión en el pulmón del procesado”. Otros diarios del interior dieron la misma noticia. Nunca se supo el objetivo de esta otra aberración. La madre de Vuotto, enterada de la noticia, hace redactar, desde la ciudad de 9 de julio por intermedio de su otro hijo Luis, un telegrama al Juez suplicándole le informara la suerte corrida por su hijo Pascual. El Juez, Dr. Díaz Cisneros, demostrando una impiedad total nunca respondió al telegrama.

En este momento histórico entra en acción el hombre que dará vuelta la historia de esta trama siniestra creada por la complicidad policial, judicial y política. Su nombre es Francisco Melitón Macaya, Doctor en Medicina.

La familia de Don Andrés Macaya y la ciudad de Bragado.

En la ciudad de Bragado nacía el 10 de marzo de 1901, Francisco Melitón Macaya, hijo de Andrés Macaya y Serafina Montes. Fue uno de los diez hijos de esta familia muy apreciada y honorable de Bragado.

Don Andrés Macaya, su padre, había nacido en 1858 y doña Serafina Montes, su madre, en 1870. En la actualidad, su nieto el Dr. Francisco A. “Pancho” Macaya recuerda a su ascendiente: “la abuela vivió hasta los 96 años, era muy sana, inteligente y lúcida en su ancianidad. Se le podía preguntar sobre determinados hechos históricos que había presenciado y los evocaba íntegros. Ella recordaba la Revolución de 1890 que se realizó contra Juárez Celman, por haberla vivido y la relataba con gran fluidez y conocimiento”.

“Mi abuelo -Don Andrés- nació en 1858 en Bragado, creció junto con el pueblo, que en aquel entonces era una aldea pequeña llena de estrecheces económicas y de variados peligros que obligaban a tener siempre a mano un fusil. A los tres días de nacido, fue bendecida solemnemente la Iglesia Parroquial de Bragado, donde fue bautizado unos días después”.

“Contrajo matrimonio con Serafina Montes, logrando formar una familia numerosa de diez hijos, siendo la primera María Ignacia, nacida en 1889 a la que siguieron nueve niños más”.

En su vida pública don Andrés era un hombre brillante, honrado y querido por sus amigos y la gente. Fue un gran caudillo conservador, amigo personal del Presidente de la Nación Carlos Pellegrini. Su nieto –Dr. “Pancho Macaya-, conserva una carta del Pte. Pellegrini dirigida a su abuelo.

Luego de la elección de 1891, don Andrés fue Vicepresidente segundo del Concejo Deliberante de Bragado. En enero de 1893, fue elegido Intendente de la misma ciudad, pero la revolución Radical de manera abrupta cortó su función. Como era una familia de gran fortuna, se dedicó a atender los intereses de los suyos hasta una nueva oportunidad.

Volvió a la actividad pública asumiendo como Intendente de Bragado por el período 1895-1896 y fue Presidente del Partido Autonomista Nacional. Fue electo Senador Provincial y reelecto en dos oportunidades más, desde 1897 hasta 1908. Asumió como presidente del Senado de la Provincia de Buenos Aires durante un período. En ausencia del Gobernador, ocupó la gobernación provincial el vicegobernador; y don Andrés asumió como Vicegobernador.

Don Andrés fue el promotor de llevar la electricidad a Bragado, nueve años después que se conociera e instalara en la ciudad de Buenos Aires. Con el apoyo de todo el vecindario el Intendente Andrés Macaya inició las gestiones del tendido eléctrico que culminaron el 12 de diciembre de 1897 con la inauguración del Servicio Eléctrico en Bragado.

Sin haber hecho otra obra, este sólo adelanto hubiese bastado para que el apellido Macaya pasara a la posteridad. Pero don Andrés poseía una gran personalidad que lo hacía destacarse en todo medio que le tocara desenvolverse, ya sea en la actuación pública, en la política y en la vida privada.

Su gran pasión por el bien público quedó plasmada en numerosas iniciativas suyas que se hicieron realidad: el establecimiento del Servicio Telefónico, la creación del Hospital Municipal, la Biblioteca Pública, el embellecimiento de las plazas, del Templo Parroquial, del Cementerio, el mantenimiento de caminos vecinales y de las plazas, la construcción de los puentes: “La Carlota”, “La María” y el de Mechita.

Fue un caudillo Conservador respetado y admirado durante muchos años. La desaparición de Guillermo Doll y Carlos Costa lo llevaron a la cima de la conducción del Partido Autonomista Nacional que dirigió con firmeza, y tuvo enorme gravitación en la política por su influencia en la IV Sección Electoral.

Pero a don Andrés no le fue todo fácil en política al ser muy combatido por sus opositores y se lo criticó muy duramente por oponerse a que Gral. Viamonte (Los Toldos) se separara del Partido de Bragado al que pertenecía. Fue un hombre enérgico, fuerte, decidido; a veces se lo acusó de déspota o autoritario por no tener términos medios, pero esto era por su gran honradez y conducta moral. Estas características le fueron propicias para convertirse en un caudillo político en aquel contexto histórico.

En su vida privada don Andrés fue Rematador y muy eficiente. Era dueño de una Casa de Remates-Ferias desde el año 1890, ubicada a tres cuadras de la Estación del Ferrocarril, y también propietario de campos. En toda su trayectoria de vida tanto pública como privada se destacó y fue muy reconocido por su corrección y honestidad en el manejo de los dineros tanto públicos como privados.

En la casa de la calle Rivadavia 1199 – hoy día Residencia Sarmiento- muere don Andrés Macaya a los 64 años de edad el 21 de octubre de 1922.

La ciudad de Bragado le rindió tributo poniendo su nombre a una calle: Avda. Andrés Macaya, en homenaje póstumo a su loable trayectoria.

Ruina económica de la familia Macaya en 1922.-

Durante el año 1922, Don Andrés que tenía una inmensa fortuna, pierde todos los bienes. Su nieto Francisco “Pancho” Macaya relata: “todo lo perdió para pagar a todo el que se le debía, especialmente a los que habían sido arrastrados por el quebranto, hasta la casa familiar se tuvo que vender. No quedó cuenta sin pagar. En ese año el abuelo falleció. Sus hijos fueron recogidos por un tío (hermano de Serafina Montes) llamado Mariano, que también tenía fortuna y los llevó a vivir al campo. Como eran varios hermanos, a medida que les iba consiguiendo trabajo los iba independizando, para que formasen su propio hogar y tuvieran bienestar económico”.

“A mi padre –Francisco Melitón Macaya- que estudiaba en el Colegio San José de Buenos Aires, lo ayudó económicamente a terminar los estudios secundarios; y volvió a Bragado. Su tío le preguntaba con asiduidad que era lo que más ansiaba hacer en la vida. Papá le respondía que siempre había soñado con ser médico y que quería estudiar esa carrera. Con una gran bondad, como si fuera el propio padre, le paga los estudios Universitarios en la ciudad de Córdoba. Comenzó la carrera de Medicina siendo un muchacho un poco más grande en edad, que los jóvenes que iniciaban con él esa promoción; por haber trabajado en el campo algún tiempo. Mi padre vivió y estudió en Córdoba desde 1924 hasta 1930, año en el que se recibe de Médico. En los primeros meses de 1931, recibe el Diploma de Doctor en Medicina y vuelve a Bragado”.-

Médico de Policía en Bragado: el comienzo del calvario.

En los primeros meses de 1931, con su Diploma de Doctor en Medicina y un mundo de ilusiones sobre su futuro profesional y personal, volvía Francisco M. Macaya a su ciudad natal, Bragado.

Se instala en la casa de su madre, ubicada en la misma manzana de la Comisaría; y consigue su primer trabajo como profesional. Era de prever que por las relaciones de su padre con personalidades el partido Conservador, viejas amistades familiares, y por ser el también conservador, es nombrado Médico de Policía. Este nombramiento le pareció una mano tendida y sintió un sano orgullo de trabajar como médico sumado al de tener un cargo oficial. Nunca imaginó que la alegría inicial de este nombramiento se convertiría en un calvario que llevaría a cuestas hasta el último día de su vida.

En el mes de julio de 1931 comienza a trabajar en su profesión. Su hijo, Francisco “Pancho” Macaya, evoca como le relataba su padre y su abuela aquel horror que comenzaron a vivir: “Cuando ocurren los hechos de la bomba en la casa de la familia de “Pito” Blanch, papá estaba recién recibido de médico teniendo 30 años de edad. Vivía a la vuelta de la Comisaría, en la misma manzana con su madre. Los patios no eran linderos pero estaban a pocos metros. Papá y la abuela escuchaban los gritos desgarradores de personas que provenían de la Comisaría, desde el patio o dentro de la misma casa. Pero a papá no lo llamaban para atender a nadie. Una noche los gritos eran tan espantosos que papá se dirigió personalmente, por su cuenta, a la Comisaría para ver que era lo que estaba pasando. Al llegar se encontró con el peor de los espantos, un panorama aterrador: un preso llamado Rossini, estaba al borde de la locura por las torturas a que era sometido y había colocado sus dedos en la grampa de la puerta del calabozo para que no volvieran a sacarlo para continuar con los tormentos físicos. Los policías hicieron tanta fuerza que habían abierto la puerta y le habían destrozado tres dedos de la mano. Había sangre en las paredes, en todos lados, incluso en el techo. Esa misma noche, al entrar había visto a otro preso de apellido Monghelli, que lo tenían enchalecado en el garage de la Comisaría. Papá se da cuenta que estaba totalmente alienado por las torturas padecidas; y se entera que lo iban a trasladar a La Plata como insano. Todos estos hechos, papá los declararía ante el Juez en 1934”.

¡Esto es ya una barbaridad!...

Tomando las declaraciones efectuadas por Pascual Vuotto, uno de los tres acusados del hecho, ante la prensa nacional mediante una carta abierta en la que señalaba las anormalidades en que se cimentaba el proceso de Bragado. Estas fueron las primeras noticias que trascendieron, tras un mes de incomunicación y varios traslados. Esto mismo Vuotto reiterará, muy posteriormente, ante el hijo del Dr. Macaya cuando se conocen personalmente en Mar del Plata, en 1983.

Esa carta abierta señalaba:.. “En Bragado se me interroga acerca de un atentado ocurrido en esa localidad y que había costado la vida a inocentes. Nada sabía yo de este hecho. No obstante yo había concurrido a una reunión que se realizó en Bragado el 16 de julio, donde se había discutido la forma de sacar un periódico para cohesionar los sindicatos obreros y tratar de reunir fondos para las familias de los presos y deportados por cuestiones sociales. Esa sola coincidencia bastó para quererme complicar con un hecho que no puede ser ejecutado por un hombre que esté en el amplio dominio de sus facultades. Como seguía sosteniendo mi inocencia, pues primero se me acusó de haber despachado la encomienda y como dije que les podía demostrar con testigos y telegramas cursados por el suscripto en sus horas de servicio, , pues trabajé de mañana el día del atentado, entonces se me acusó de haber fabricado la bomba. Les dije que jamás había visto operación alguna de pirotécnica para tener esos conocimientos. Esto manifesté a los policías, entonces me esposaron las manos a la espalda, me sentaron en una silla de respaldo alto y me ataron las manos a los pies, por debajo de la silla con una correa. Después me juntaron los brazos uno contra otro, atándolos con la misma correa, hasta que crujieron los huesos y me golpearon en el pecho a la altura del corazón. Esta operación la realizaron tres veces más hasta que perdí el conocimiento. Además, se me arrancó el cabello, se me arrastró del mismo por el suelo y se me golpeó contra la pared. A Julián Ramos, Fernando López, Ramón Bodelón, Juan Rossini, Reclús De Diago y Santiago Mainini, se los torturó en la misma forma”.

“...El 23 o 24 de agosto, llegó el Juez, Dr. Juan Carlos Díaz Cisneros, ante el cual hubo que ratificar todas las declaraciones arrancadas por el terror, bajo amenazas de ser muertos, si se rectificaban. En esta forma es como De Diago y Mainini se hacen autores, apremiados por los “hábiles interrogatorios”, después de haber salvado la policía las contradicciones entre ambos, los exigen a que se me acuse de ser el fabricante de la bomba y, desesperados lo hacen y los obligan a ratificarse ante el Juez”.

“Yo, hasta el presente, a pesar de las informaciones aparecidas en los diarios en contrario, en ningún momento me hice autor. Le pedí encarecidamente al Juez que nos sacara de este infierno, dándole informes de cómo nos torturaron. Cuando él vino al calabozo donde yo estaba le mostré el pecho lleno de equimosis y desproporcionadamente hinchado. Me dio garantías de que no se me torturaría más y ordenó instruir un sumario por abuso de autoridad. Después de esto me golpearon cuatro veces más, incluso una vez con una fusta durante una hora y veinte minutos. Se me arrancó el cabello y se me dio plantones de 9, 38 y 30 horas, y otro desde el día 3 a las 22 horas hasta el día 9, a la 1, con un centinela de vista”.

“....Cuando estaba acalambrado, me sacaban a darme masajes y después esposado, me escupían todo el cuerpo, echándome alcohol puro en los órganos genitales. En varias oportunidades fui conducido a la rastra, al calabozo por un cabo de guardia cárceles y un cabo de guardia, por no poder caminar. En la misma forma fui conducido a “declarar”.”

“Como le informé al comisario Williman que padecía una lesión en el pulmón izquierdo, este hizo concurrir a los médicos, doctores Argerich y Macaya; éstos constataron los golpes dados sobre el corazón, que me impedían respirar. El día 3 de septiembre, el doctor Macaya me revisó nuevamente y constató el estado lastimoso de mis brazos, como consecuencia de los golpes de fusta del día 29 de agosto, y no pudo resistir su indignación exclamando:

“- ‘¡Esto es ya una barbaridad! ’.”

“Este hombre no había hipotecado su dignidad y se rebelaba ante la injusticia”.

El Sumario hecho con torturas.

Luego de la intervención espontánea del Dr. Francisco Macaya el 21 de agosto en horas de la mañana por oír los gritos desgarradores de Rossini desde la Comisaría, dos días después, el Juez penetró en el calabozo de Rossini, donde se encontraba Vuotto en ese momento; éste le mostró las manchas de sangre en las paredes y en el techo, y le explicó lo ocurrido con el preso. La respuesta fue inmediata por parte del Juez Díaz Cisneros: “Lo habrá hecho de puro gusto....”.

A pesar de las garantías dadas por este Juez al detenido Pascual Vuotto, cuando le mostró las señales de las torturas padecidas, fue sometido a flagelos cuatro veces más y con mayor ferocidad. Del sumario por abuso de autoridad jamás se tuvo ninguna noticia.

Era evidente que todas estas torturas hacían convencer a los presos que si no se declaraban culpables del atentado con la bomba, tal como lo exigía la investigación, estaban perdidos de seguir con vida.

Tantos días sin dormir, escuchando los gritos entre ellos de acuerdo a quien era el torturado de turno, era de suponer que estos seres humanos destrozados física, mental y espiritualmente iban a declararse culpables para conseguir un poco de alivio a tanto tormento y dolor. Esto explica el porque dos de los procesados, De Diago y Mainini, se declaran culpables y acusan a Vuotto.

Estos tres acusados y torturados en mayor grado que los otros, fueron trasladados a la ciudad de La Plata luego de sus “declaraciones espontáneas”. Para el 9 se setiembre Vuotto, Mainini y De Diago estaban en los sótanos de la Jefatura de Policía y durante 10 días alojados en investigaciones. El Dr. Juan Prieto, que fue el defensor de los procesados en esta primera instancia del sumario, intentó durante días poder verlos mientras permanecieron en los sótanos y no pudo conseguir entrevistarlos. Lo mismo le sucedió a otras personas y representantes gremiales que quisieron socorrerlos económicamente, o alcanzarle cigarrillos, alimentos o lo que necesitaran. La orden era cerrada: incomunicación.

El artículo 444 del Código de Procedimientos, dispone que “el instructor puede, en las causas graves ordenar la incomunicación del procesado por un término que no exceda los cinco días...”. En esos sótanos estuvieron incomunicados en forma rigurosa más de un mes. El pretexto del Juez fue que autorizó esto para indagarlos sobre los hechos. Pero durante su estadía en La Plata no se los acusó de nada. Lo que correspondía era que fuesen trasladados a la Cárcel de Mercedes y no a La Plata. Luego entraron las sospechas que esta estadía fue para borrar las marcas de las torturas en sus cuerpos, para ingresar a la Cárcel de Mercedes y quedar el Juez libre de toda acusación por los malos tratos que había permitido a la policía en Bragado.

La complicidad policial y judicial: el armado del caso.

Todas las investigaciones dieron resultados negativos al no encontrar pruebas que fueran concluyentes para la instrucción, solo habían encontrado en los domicilios de los acusados y de cuanta persona era allegada a ellos, libros y periódicos. Todas las referencias reunidas sobre los detenidos fue de una anuencia general: hombres trabajadores, honestos, de vida sana, y ocupados en sostener sus hogares.

Por este motivo los investigadores armaron toda la plataforma del sumario policial, sorteando muchas dificultades y contradicciones. Así se logró la versión policial que fue autorizada por el Juez Díaz Cisneros y el Fiscal Dr. Augé. Indicaba el sumario en líneas generales que: un grupo de anarquistas reunidos en una quinta de Bragado (propiedad de Juan Martín), para considerar la realización de varios atentados terroristas, en complicidad con dirigentes radicales, que habían realizado un primer motín en Corrientes por el levantamiento del Coronel Pomar. La reunión en la quinta se había hecho a los cuatro días de estallar el levantamiento de Corrientes y que en virtud del fracaso del levantamiento se había decidido en esta quinta realizar actos terroristas.

Esta bien clara la trama siniestra que se montó y la complicidad policial y judicial en el caso que esta acusación era hasta ridícula y sin conexión alguna, un levantamiento militar en una provincia lejana por motivos de cambiar la política nacional y un artefacto explosivo en una casa en Bragado de un dirigente conservador, que no tenía relación alguna con ese hecho. La causa de tanta maldad y empecinamiento en culpar a estos tres inocentes todavía no tienen respuesta. A los pocos años, en 1938, aparecería el verdadero culpable, Rafael Chulivert, también conservador y de Bragado. La policía y el Juez también se encargarían de hacer desaparecer la prueba dejada por el asesino múltiple y suicida: una carta en la que contaba todo lo que había hecho.

El sumario afirma que de todos los detenidos que fueron sometidos a “hábiles interrogatorios”, resultaron ser los autores materiales del atentado: Pascual Vuotto, Santiago Mainini y Reclús De Diago. Incluyendo en el proceso a otros cuatro: López, Bodelón, Ramos y Rossini, en calidad de cómplices, por haber asistido a la reunión de la quinta de Martín, siendo este último acusado de encubridor. Se acusa a Vuotto de la fabricación del artefacto explosivo hecho en su casa, y que, Mainini y De Diago, la llevan a Olascoaga para disimular y desde allí la despachan por ferrocarril porque el Correo se negó a despachar un cajón con manzanas que excedía el peso reglamentario. Mainini sería también el que escribió en el sobre la dirección para mandar la guía.

La trama siniestra policial estaba en marcha, solo faltaba que el Juez hiciera lo demás. Lo que nunca imaginaron fue que el Dr. Francisco Melitón Macaya la desbarataría por decir la verdad.

El exilio compulsivo y el desprecio social por decir la verdad.

El testimonio de su hijo, el Doctor Francisco “Pancho” Macaya sobre este tema es tremendo y demuestra la valentía de su padre ante semejantes anomalía: “Por su informe verbal ante las autoridades policiales pidiendo clemencia por los detenidos torturados, especialmente por Vuotto; comienza el camino al calvario de mi padre - doctor Francisco Melitón Macaya-. El, en presencia del Doctor Argerich, en la Comisaría había revisado los pulmones del detenido Pascual Vuotto, constatando una enorme hematoma en el pecho, a la altura del corazón. Interroga al paciente sobre el origen de tamaña lesión, y Vuotto le respondió que era el resultado de “hábiles interrogatorios”. Luego papá sabrá por el mismo Vuotto que no se animó a contar lo sucedido por miedo de que fuera un policía el que lo acompañaba. Había confundido al Dr. Argerich, médico de la Municipalidad con un policía. Papá -Doctor Macaya- lo conforta y le promete revisarlo nuevamente para ver la evolución. Pero siguió siendo golpeado, atado, lacerado por los oficiales de policía. El 3 de setiembre, vuelve mi padre -Doctor Macaya- a revisar a Vuotto en la oficina del Comisario Castillo. Se impresiona y sorprende al notar como tenía los brazos y parte del cuerpo donde el día anterior lo habían golpeado, en especial en las rodillas. Vuotto le pudo contar todo lo sucedido y con toda la angustia le suplica que interceda para que cesen esas torturas. Es en esta ocasión que papá le prometió, dándole la palabra de que se ocuparía del caso”.

Pascual Vuotto lo recordará toda su vida a este primer hecho: “...fue el único hombre que se conmovió de verdad al constatar los resultados del tormento”.

Por pedir compasión y la finalización de torturas sobrevino para el Doctor Macaya su propio martirio, fue amenazado, destituido en sus funciones, fustigado y despreciado por sus pares políticos y por gran parte de la sociedad bragadense, por haber expresado la verdad y pedir que cesaran los “hábiles interrogatorios” –torturas de todo tipo- en esos inocentes que estaban siendo flagelados de la manera más atroz. Debió dejar a su madre, a su novia, abandonar su profesión y por seguridad personal escapar a la ciudad de Buenos Aires. Debido a las amistades políticas de su familia conservadora, especialmente de su padre Don Andrés y siendo él conservador también, salvó su vida o de ir a prisión, pero la persecución fue tremenda.

Su hijo Francisco relata: “Recién en 1946, siendo yo joven y por oír a la abuela hablar con papá de ciertos temas que silenciaban cuando me veían, le pregunté que había pasado con él y Bragado. Como era su hijo mayor me interesaba saber sobre ese pasado misterioso que me escondían para no lastimar mis sentimientos. Entonces me contestó que lo tenía muy preocupado lo que pasaba con el Coronel Perón en ese año (1946) y con el antiperonismo que se había formado; pero los datos sobre los hechos de Bragado me los daría a cuenta gotas a pesar del interés que le demostraba por saber lo ocurrido”.

“Un día me comentó como al pasar: ‘Ah! No sabés las que tuve que pasar en Bragado cuando estalló la bomba en lo de “Pito” Blanch y mató a su hija y a su cuñada. Era el caudillo conservador de ese momento y era un hombre de armas llevar’. No me quiso contar nada más ese día”.

“Tiempo después me enteraba que por estos acontecimientos y su pedido al Comisario de que cesaran los tormentos físicos y psíquicos a los presos, tuvo que escapar de Bragado. Lo destituyeron como médico policial y lo despreciaron socialmente. Se refugió en la casa de su hermana, María Faustina Macaya de Brizuela, que vivía en la ciudad de Buenos Aires, desde septiembre de 1931 hasta el año 1933”.

“Durante el gobierno del General Justo, papá se radica definitivamente en Trenque Lauquen. La hermana de papá que lo refugió, era viuda y de muy buena posición económica. Fue la que lo amparó durante toda esa persecución que se desató sobre él. En ese exilio que vivió en Buenos Aires, papá se había conectado con amigos de Bragado que vivían en Trenque Lauquen, Carlos Revuelto y su esposa Nivia Sartoris. Ellos fueron el enlace que tuvo papá para radicarse en esta ciudad. Su hermana le compró el consultorio para que papá pudiera trabajar en su profesión y liberarse de todo lo que había padecido”.

El Doctor Francisco M. Macaya llega a Trenque Lauquen.

A pesar de todos estos hechos dolorosos, el Dr. Francisco Melitón Macaya seguiría siendo conservador hasta su muerte, no cambió nunca los ideales y la formación cristiana que recibió de sus padres, de ser un hombre, profesional y político, honesto y veraz al servicio de los demás.

Al llegar a Trenque Lauquen, se instala en la casa situada en la calle Gdor. Irigoyen Nº 37, que hasta el día de hoy –2007- es propiedad de la familia Macaya, el hogar de su hijo mayor, el doctor Francisco A. “Pancho” Macaya –ex Juez de la Cámara de Apelaciones del Depto. Judicial de Trenque Lauquen-, que evoca: …“durante el gobierno del Gral. Justo (1935) es cuando lo vuelven a llamar a declarar a papá, y es en esta oportunidad donde se explaya contando ante el Tribunal todo lo que vio y vivió con los detenidos y torturados en la Comisaría de Bragado”.

Cabe señalar que el Juez, Dr. Díaz Cisneros pidió el procesamiento del doctor Francisco M. Macaya por falso testimonio. Pero no pudo lograr tamaña infamia.

“Luego de pasar este juicio, papá se casa con la novia de siempre, Susana D’effis, -mi madre y de familia conservadora- en el año 1934; en Bragado es la ceremonia civil y religiosa. Aproximadamente hacía dos años que papá vivía en Trenque Lauquen”.

En los primeros días del mes de Febrero de 1935, se publica una Carta Abierta en el periódico local “El Independiente”, a pedido del preso Pascual Vuotto, pidiendo el apoyo popular y el reconocimiento social por la acción del Dr. Francisco M. Macaya en el juicio de haber dicho la verdad sobre las torturas y que le había costado ser procesado “por falso testimonio” por el Juez Díaz Cisneros.

Síntesis del proceso de “los presos de Bragado”. 1934-1942

Los abogados defensores de los presos, doctores Enrique Corona Martínez, Carlos Sánchez Viamonte y Gabriel Bajardi; siguieron atentamente el proceso en todas las instancias. Decenas de recursos fueron presentados pero la gran mayoría fueron rechazados por el Juez, la Cámara o la Corte de Justicia de la Provincia. La tarea de los abogados defensores fue difícil, ya que en varias oportunidades fueron multados y también en otras se le testaron sus escritos.

Los defensores consideraron inútiles los recursos presentados ante el Juez en primera instancia solicitando, entre otras cosas, un Juicio oral, ya que este trámite siempre resultaba en la negativa del Juez Díaz Cisneros; centraron toda la atención en otra garantía que podían obtener de la Cámara de Apelaciones de Mercedes. Presentaron en ella extensas y exhaustivas argumentaciones escritas de todos los aspectos del Sumario y la substanciación del proceso que son imposibles de reproducir en esta síntesis.

Lo que resaltaron en la Apelación fue el hecho de que los procesados estaban siendo víctimas de la falta de derechos y garantías más elementales; se había solicitado un juicio oral, autorizado por la ley procesal para estos casos como lo habían hecho ante el Juez Díaz Cisneros; y sostienen que uno de los agravios cometido sobre la persona de los detenidos, fue el de privarlos de forma indebida, de las ventajas de este procedimiento. También denuncia la defensa que las actuaciones falsas, intencionales y arbitrarias que le han sido puestas con el fin de impedir poder desenvolverse con normalidad. Dejan asentado un refrán: “El que tiene a un acusador por Juez, necesita a Dios como defensor”.

La apelación, que fue escrita, fue testada por la Cámara; por lo cual se le haría difícil a esta poder tomar una resolución.

Todos estos hechos desatan una campaña de solidaridad nacional.

La Prensa y el Proceso. 1931-1942.

En la difusión de todo este proceso la prensa nacional ocupó el primer lugar, al contribuir a divulgar todo lo que sucedía, hacer trascender las torturas y las denuncias de los presos, lo cual significó un aporte inigualable. Pero no fue toda la prensa en general, solamente algunos periódicos de la Capital y del interior del país.

En los años 1931 y 1932, ya comenzaron a aparecer algunas voces, aunque aisladas, que contaban lo que estaba sucediendo en Bragado. Al principio les fue difícil por las amenazas de clausuras y procesos por parte del gobierno de la dictadura a quienes denunciaran las torturas y tormentos a que habían sido sometidos los procesados.

En los 11 (once) años que duró la prisión de los tres condenados; en ese período, con intermitencias, la campaña por su liberación se fue desarrollando siendo la prensa un factor decisivo en muchas circunstancias.

Puede haber omisiones involuntarias, pero las publicaciones que más se ocuparon del proceso fueron: ‘El Orden’, ‘El Tribuno’, ‘El Imparcial’, ‘El Gráfico’, ‘El Liberal’ y ‘El Porvenir’ de la ciudad de 9 de Julio. ‘El Tiempo’ de Paraná, Entre Ríos. ‘Nueva Época’ de Alvear, Mendoza. ‘Nueva Era’ de Tandil. ‘El Independiente’ y ‘El Tribuno’ de Trenque Lauquen. ‘El Despertar’ y ‘El Progreso’ de Chivilcoy. ‘El Fiscal’ de Cnel. Suárez. ‘La Ley’, ‘Mercedes’, ‘Orientación’ y ‘El Oeste’ de Mercedes. ‘Vida Pehuejense’ y ‘El Diario’, de Pehuajó. ‘El Liberal’, ‘El Censor’ y ‘La Libertad’ de Bragado. ‘La Reforma’ y ‘El Zonda’ de San Juan. ‘El Argentino’, de Saladillo. ‘Noticias’ de Salto. ‘El Heraldo’ de 25 de Mayo. ‘Germinal’ y ‘Democracia’ de Junín. ‘El Día’ de La Plata. ‘Democracia’ de Rosario. ‘La Actualidad’ de Alberti. ‘5 de Abril’ de Cnel. Pringles. ‘Democracia’ y ‘Chacabuco’ de Chacabuco. ‘La Juventud’ de San Andrés de Giles. ‘La Palabra’ de San Pedro. De la ciudad de Buenos Aires: ‘Crítica’, ‘Tribuna Libre’, ‘La Vanguardia’, ‘La Protesta’, ‘La República’, ‘Acción Libertaria’, ‘La Antorcha’, ‘Nervio’ y ‘República Ilustrada’.

Movimiento popular y obrero. 1931-1942.

En forma paralela al desarrollo de las distintas instancias judiciales se fue desarrollando de manera organizada una gran campaña popular y obrera que alcanzó una resonancia asombrosa en toda Argentina.

Fue en la Provincia de Buenos Aires donde más se desarrolló esta campaña, por ser el territorio donde ocurrió el atentado y se desarrolló el Proceso. En la ciudad de La Plata se formó un Comité Pro Libertad de los Presos de Bragado de base sindical y editó un diario ‘Justicia’ que apareció por largo tiempo. Al paso del tiempo se constituyeron Comités en muchas ciudades cabeceras de la Provincia de Buenos Aires, dando base a la constitución del Comité Provincial con sede en La Plata. También se fueron creando otros Comités de Apoyo en varias ciudades de las Provincias como: Rosario, San Juan, Santa Fe, Resistencia, Santiago del Estero, Mendoza, Diamante, Añatuya, Rafaela, Córdoba, San Rafael, Villa María, etc.

El Comité Provincial en colaboración con todos los comités del territorio provincial organizó un plebiscito que fue enviado a la Suprema Corte de Justicia y que estaba firmado por miles de personas. Editó un folleto de casi cien páginas con los antecedentes del proceso, confeccionó y publicó ‘Tribuna’ por largo tiempo hasta que paso su edición a Buenos Aires, también organizó la Convención de Mercedes reuniendo a todos los Delegados del país; también realizó centenares de giras y actos en toda la provincia de Buenos Aires. Así iba llegando el conocimiento del proceso a los trabajadores.

Cambia la situación de los presos del caso Bragado.

Al ganar las elecciones el 10 de diciembre en la Provincia el Dr. Rodolfo Moreno y Edgardo Miguens, llevaron como ministro de gobierno, a un amigo personal del Dr. Macaya, el doctor Solano Lima.

El doctor Macaya había sido electo Diputado Provincial por la IV sección Electoral. La suerte de los procesados cambiaría... había llegado la hora. Su amigo personal, el Dr. Vicente Solano Lima y el Gobernador Moreno estudian la causa, constatan la falta de la foja que contenía la declaración de Macaya. El 24 de julio de 1942 salen en libertad por la conmutación de pena firmada por el Gobernador Moreno: De Diago, Mainini y Vuotto.

Reseña de vida en Trenque Lauquen del Dr. Francisco Macaya.

El segundo golpe que recibe en Bragado.

El Dr. Macaya trae a su señora esposa a vivir a Trenque Lauquen, en 1935, con el sueño de formar una gran familia. Algunos meses más tarde tendrían una gran alegría, la llegada del primer hijo.

Los recuerdos de este hecho los relata su hijo, el Dr. Francisco “Pancho” Macaya: “ Papá y mamá decidieron que su mi primer hijo naciera en Bragado, lo hicieron por razones de confianza y por ser una ciudad más adelantada en cuestiones de medicina, ellos quisieron lo mejor y pensaban que habían elegido el mejor lugar. La familia de ambos y los amigos vivían allí. Era Bragado mucho más segura en servicios que esta ciudad. Pero el dolor y la desgracia volvieron a golpear más duro que nunca a mi padre, su primer hijo, o sea mi hermano mayor, que lo llamaron Juan Francisco Macaya, muere tiempo después de nacer. Era el año 1937”.

“Este durísimo golpe hizo que mi padre jamás quisiera tener relación o vinculación alguna ya sea política o profesional con la ciudad de Bragado. Nunca se supo el porque de la muerte de Juan Francisco, su primer hijo. El creía y lo decía siempre que había sido una falla médica de aquellos en quien el confió para traer al mundo a su hijo. En este tema siempre le quedaron dudas”.

Pero a pesar del golpe, en Trenque Lauquen nacerían sus otros cuatro hijos: el mayor Francisco Andrés “Pancho”, que pasó a ser el mayor, luego vendrían dos hermanas: María Emilia “Mirita” y Susana; y el último llamado Andrés Gustavo.

Años más tarde, casi al final de su vida terrenal, Francisco M. Macaya, le confiaba a su hijo Francisco “Pancho” algo íntimamente guardado durante años: “ yo con Bragado no tengo nada, pero el día que me muera quiero que mis restos queden aquí, en Trenque Lauquen”. Luego le haría a su hijo un conmovedor pedido: “Pancho, sólo te pido dos cosas, primero: no vendas nunca la casa, si podés; y segundo: y quiero que el día que muera me entierren en Trenque Lauquen”. Sus deseos fueron cumplidos cabalmente por su hijo el Doctor Francisco “Pancho” Macaya.

Su actividad como médico, político, funcionario y profesor.

Cuando se instala en Trenque Lauquen comienza a trabajar en su profesión, pero también continúa militando en el Partido Conservador.

Muchos vecinos lo recuerdan con gran cariño narrando todo tipo de anécdotas, entre ellas: … “a cualquier hora del día que lo llamasen por alguna dolencia fuera urgente o no, ahí estaba el doctor reconfortando al enfermo y a la familia”. Muy pocas veces cobraba los honorarios, ya que eran épocas en que la mayor parte de la población era pobre y no existían las obras sociales. Muchos otros recuerdan que siendo niños el doctor los calmaba, les daba un caramelo antes de revisarlos y los consolaba si lloraban por el dolor que tenían. En su consultorio tenía un escritorio y sus pacientes recuerdan que en unos de los cajones el doctor siempre tenía caramelos para darles. De igual manera procedía en las visitas a domicilio, si había un pequeño lloroso lo calmaba y sacaba de uno de sus bolsillos alguna golosina para que las lágrimas de su pequeño paciente pararan. Todos lo recuerdan como un médico lleno de cariño y bondad hacia los que fueron sus pacientes: mayormente niños.

Su hijo, Dr. Francisco “Pancho” Macaya, recuerda el reconocimiento de su padre hacia otro gran médico de esta ciudad: “Ha trascendido siempre el nombre de García Salinas como hacedor, como político, pero nunca como médico. Papá me contaba que cuando llegó a Trenque Lauquen, luego del exilio por los hechos de Bragado, tenía poca experiencia como médico, notaba que le faltaba práctica, especialmente para determinar el cuadro clínico, debido a que en la facultad cuando estudiaba no había residencia obligatoria como en la actualidad. Todo era teoría y la práctica no existía dentro de la carrera. Al poner el consultorio, la vecindad comenzó a concurrir y ciertas veces lo llamaban en horas de la noche o a la madrugada por casos urgentes. Como papá a veces dudaba del cuadro clínico que presentaba el enfermo, el Dr. García Salinas le había ofrecido que se llegara hasta su casa, fuera la hora que fuera, que el lo acompañaría para asesorarlo. De esta manera, cada vez que papá dudaba del cuadro que presentaba el paciente, iba hasta la casa de García Salinas, tocaba el timbre, a veces a las tres de la mañana; y desde el balcón le avisaba a papá que ya bajaba para saber que pasaba. Le comentaba el caso y partían los dos juntos a ver al enfermo. Muchas veces regresaban a las cuatro o cinco de la mañana de ver a los enfermos”.

“De niño, recuerdo cuando sentía los golpes en la ventana de su dormitorio, que daba a la calle, en horas de la madrugada, eran de padres desesperados que venían a buscarlo por alguna urgencia. Yo desde mi habitación sufría por miedo a que papá no se levantara, pero a los pocos minutos papá ya salía de casa para hacer la visita al enfermo, en eso nunca defraudó a sus pacientes, ni a nosotros como familia”.

“Siempre le agradeceré a mi padre que nos haya educado en Trenque Lauquen. Fui al Jardín Nº 1, a la Escuela Nº 2 y el Secundario lo cursé en el Colegio Nacional. En casa no hubo abundancia de dinero, pues papá no cobraba la mayoría de las consultas o visitas. Para navidad, año nuevo, o alguna otra fecha, mi casa rebasaba de regalos bien caseros: pollos, lechones, chorizos, huevos, verduras, frutas, todo lo que sus pacientes le hacían llegar por agradecimiento”.

“Para poder seguir estudiando la carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires tuve que trabajar, ya que papá no podía mantener todos los gastos. Yo creo que estuvo la mano de Dios en todo. Me recibo en 1968 a los 30 años de edad y papá fallecía al año siguiente, en 1969. A mi me pudo ver recibido, pero a ninguno nos pudo ver casados ni conocer a ningún nieto”.

Intendente Municipal 1938-1939. Diputado Provincial 1942.

El 20 de febrero de 1938, asumía como Presidente de la Nación, el Dr. Roberto M. Ortíz y como Vicepresidente, Ramón S. Castillo. La “Concordancia” con ellos al frente había obtenido 1.100.000 votos; la U.C.R., con Alvear y Mosca había llegado a los 850.000 votos.

En Trenque Lauquen era elegido como candidato a Intendente por el Partido Demócrata Nacional el Doctor Francisco M. Macaya. Las elecciones se llevaron a cabo el 13 de marzo de 1938 y fue elegido por unanimidad. Esa noche en el Teatro Español dio a conocer su programa de gobierno y fue aplaudido y victoreado por el público que rebasó las instalaciones del Teatro. El acto de asunción tuvo lugar el 1º de mayo de 1938, en el Concejo Deliberante, ante una multitud que lo admiraba y apoyaba.

Se desempeñó como Intendente Municipal desde el 1º de mayo de 1938 hasta el mes de mayo de 1939; cumpliendo la disposición de la Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires.

Su primera medida fue confirmar por decreto a todos los integrantes de la Comisión Administradora del Hospital de la Misericordia. Esta resolución fue recibida con gran beneplácito por la comunidad por estar trabajando en ella vecinos probos que daban al nosocomio un gran respaldo a todas las necesidades y ocupándose de que nunca faltaran medicamentos o los materiales de trabajo de enfermeras y médicos.

Viajó innumerables veces a Buenos Aires y a La Plata, donde realizó gestiones y presentó varios proyectos para el Municipio. Los Ministros demostraron gran interés por los planes presentados por el Intendente y se comprometieron a apoyarlo desde la provincia en la concreción de los mismos.

También se interesó en sus viajes como Intendente por el caso de los presos de Bragado, del que tampoco tendría una respuesta favorable. Pero el Dr. Francisco no claudicaría en sus pedidos por esas víctimas inocentes.

A grandes rasgos, algunos de los proyectos realizados durante su gestión al frente de la Comuna de Trenque Lauquen fueron: La formación de una Comisión de Festejos Patrios, cuyo objetivo fue fomentar los valores más nobles del ser humano y el amor a la Patria. Esta Comisión trabajó en común con la Escuela Municipal de Adultos y Jardín de Infantes, cuyo director era el Profesor Jaime Glattstein, y con el Instituto Cultural Municipal, presidido por José F. Mayo. El Presidente Honorario fue el propio Intendente Macaya. Esa Comisión de Festejos Patrios sumada al apoyo de las Instituciones señaladas, le dio a la comunidad un nivel cultural jamás visto en cuanto a conferencias, actos alusivos, conciertos, cursos de la más diversa índole, hasta se dictó una carrera de corta duración: Telegrafista, siendo profesor el señor Juan Figueroa, Jefe del Telégrafo de la Provincia. Otro de los cursos importantes fue el de “Medicina de Urgencia”, dictado por médicos de renombre. También se formó la “Asociación Amigos del Jardín Infantes” dentro de la Escuela Municipal, para hacer más extensiva la obra que ya venía realizando. En esta comisión trabajó otro gran hombre: el Escribano Jorge A. Simini, que años más tarde daría a la Provincia de Buenos Aires la primera Ley creando Jardines de Infantes.

Durante su gestión, otro gran hombre de nuestra ciudad, el Dr. Pedro García Salinas y colega del Dr. Francisco, fundaba “El Sanatorio y Maternidad”–que hoy lleva su nombre- y el Frigorífico Regional, creando numerosas fuentes de trabajo y un gran

movimiento económico en la ciudad y región. Ambas obras contaron con el aval y apoyo del Intendente, no en dinero, pero sí en las gestiones ante autoridades provinciales y nacionales para concretarlas.

Otra de las grandes iniciativas del Intendente Macaya fue su labor constante en mantener calles (la mayoría de tierra, con grandes arenales) y los caminos rurales, empleando maquinarias adecuadas que adquirió para el Municipio.

Un gran proyecto que tuvo en mente el Dr. Macaya y por el cual trabajó incansablemente fue el de la construcción de un Gran Estadio Deportivo para la ciudad que contuviera a todas las disciplinas. Decía el Intendente: “Quiero que este Gran Estadio sea un orgullo en todo el oeste y que las futuras justas deportivas se realicen en él”.

En menos de tres meses de gestión como Intendente Municipal, consigue la aprobación de sus proyectos por el Consejo Deliberante; los cuales fueron: un empréstito de 600.000 pesos para la construcción del nuevo Palacio Municipal, la refacción y ampliación de los edificios de las Delegaciones Municipales, modernización del Cementerio de la ciudad, y de 30 de Agosto. La construcción de un Matadero modelo en Trenque Lauquen y una Usina de Pasteurización de leche anexa; la urbanización de las plazas públicas de las localidades del Partido, embellecimiento del Parque Municipal “Pte. Gral. José F. Uriburu” (4), desagües en la zona S.O. de la ciudad y el entubamiento del zanjón de la calle Belgrano.

También se aprobaron las donaciones al Superior Gobierno de la Nación de los terrenos para la construcción a cargo de la Nación del nuevo Edificio de la Escuela Nacional de Trenque Lauquen, de primera categoría en los de su género y para anexar una Escuela Profesional de Manualidades, Artes y Quehaceres Domésticos, etc. para mujeres.

El otro terreno donado a la Nación fue para construir el edificio de la Escuela de Artes y Oficios (que ya funcionaba en nuestra ciudad en el mismo edificio con el Colegio Nacional), de primera categoría en las de su género, a cargo del gobierno nacional.

Se adquirieron por licitación pública, distintos vehículos de gran porte: camiones regadores, atmosféricos, para apagar incendios, maquinaria vial, etc.

Un proyecto enviado al Concejo Deliberante, muestra la humanidad del Dr. Macaya y su honradez, de saldar las cuentas a los acreedores del municipio del año 1935, la Municipalidad regulaba la deuda atrasada, empezando por los sueldos y jornales, y que el Depto. Ejecutivo le otorga carácter de Privilegio y pidiendo al concejo deliberante una pronta sanción.

Otra de las obras de gran importancia que envió el Intendente al Concejo, fue el proyecto de pavimentar 70 cuadras en la ciudad, que prácticamente no tenía asfalto. Pero las cuotas para los frentistas eran tan elevadas que desiste de realizarla. Esa fue una medida de gran inteligencia de frenar el comienzo compulsivo de la obra según lo proponía la provincia. Luego utilizó los bonos para realizar un estudio previo y el arreglo de las calles ya asfaltadas que estaban en estado calamitoso.

La labor más grande que realizó en su gestión al frente de la Comuna fue su gran apoyo al proyecto de la Dirección de Vialidad, sobre la construcción de un camino pavimentado que uniera Buenos Aires a Trenque Lauquen con Santa Rosa en La Pampa, – actualmente la ruta nacional Nº 5 y parte de la ruta nacional Nº 33 y Nº 226; además de los empalmes pavimentados hacia otras ciudades importantes. Este proyecto tuvo el beneplácito de autoridades nacionales, provinciales y municipales. En Trenque Lauquen, por iniciativa del Centro de Comercio e Industria, a la que apoyó el Intendente Macaya, se formó una Comisión Pro Camino pavimentado del Oeste. Su objetivo fue la realización de un Congreso interprovincial los días 13 y 14 de mayo de 1939, y que reunió, no sólo a todos los intendentes de una basta región: Mercedes, Chivilcoy, Bragado, 9 de Julio, Casares, Pehuajó, Carhué, Pellegrini, Gral. Villegas, Gral. Viamonte, Pellegrini, Rivadavia, Guaminí, Daireaux, Henderson, Alberti, Suipacha, Lincoln, etc. y de la Provincia de La Pampa: Santa Rosa y Gral. Pico; sino también a una gran cantidad de delegaciones, que desde los distintos puntos citados, estaban integradas por los hombres más representativos de la industria, el comercio, de la banca, de la confederación de sociedades rural, de las esferas del Gobierno, de las instituciones culturales, deportista, mutualistas y sociales del oeste de la provincia de Buenos Aires y de La Pampa.

El Congreso tuvo como sede a Trenque Lauquen y resultó un éxito rotundo. En el mismo quedó conformada una Confederación de Entidades Pro Camino pavimentado del Oeste; siendo los delegados por Trenque Lauquen los señores: escribano Jorge A. Simini y Francisco Aznarez. También se resolvió por unanimidad que Trenque Lauquen fuera la Sede del próximo Congreso en un término de seis meses.

Finalización del Pleito con la Usina del Sud Argentino.

Desde el año 1935, se había formado en Trenque Lauquen la Usina del Pueblo, con capitales locales y argentinos. Presidía el Directorio de la misma el doctor Pedro García Salinas. La idea era desterrar de esta ciudad a la empresa de capitales foráneos y tener energía propia, con capitales locales y zonales. Se iniciaba así un largo litigio ante la justicia. La Usina del Pueblo creó una comisión de apoyo en la cual actuó como Presidente, José F. “Pepe” Mayo. El objetivo de ésta fue crear conciencia en la población de los beneficios de tener propia energía. También realizó diversas gestiones para lograr sacar la concesión a la empresa foránea.

La empresa que se había puesto como meta el Intendente, Dr. Francisco Macaya, durante su gestión; era el de darle finalización favorable a los capitales locales que soportaban ya un litigio de años con la Usina del Sud.

En mayo de 1939, tras innumerables gestiones que realizara el Intendente Macaya para la concreción de su sueño, presentando toda clase de documentación; se consiguió que el Fallo de la Cámara Federal en el pleito con la Usina del Sud fuera favorable a la Usina del Pueblo de Trenque Lauquen.

El 25 de mayo se agasajó por la finalización del pleito con un gran almuerzo que se realizó en el Prado Español, al que concurrieron más de 5.000 personas, al señor Intendente Municipal, al Presidente del Directorio de la Usina del Pueblo, y a toda la Comisión. Fue un doble festejo, de conmemorar la fecha patria cuando nos libramos de España y de librarnos de capitales extranjeros. Trenque Lauquen producía energía eléctrica propia.

El 4 de agosto de 1939, en una brillante asamblea, quedaba constituido el Matadero Frigorífico Regional del Trenque Lauquen. El Gobernador de la Provincia, Dr. Manuel Fresco delegó su representación en el Intendente Macaya. Fue presidente del Directorio de la nueva empresa el Dr. Pedro García Salinas. Este gran adelanto en fuentes de trabajo y movimiento económico también se concretaba bajo el gobierno del Intendente Macaya.

Bragado: caso Chulivert- (1938)

En los primeros días de noviembre, la prensa nacional y local informaba sobre un espantoso crimen ocurrido en la ciudad de Bragado y que ponía al descubierto al verdadero culpable del atentado con una bomba en la casa de la familia Blanch en agosto de 1931.

La información señalaba: “La tragedia sucedida en Bragado, en la que perdieron la vida cuatro miembros de la familia Chulivert, ha traído aparejado un sin número de novedades. Pero lo más importante y sensacional es el descubrimiento del culpable de la muerte de la hija y la cuñada de José Blanch; suceso sangriento que apasionó a toda la Provincia por la forma en que obraron los asesinos y las derivaciones que tuvo más tarde el criminal atentado”.

“Rafael A. Chulivert, que días pasados asesinó a tres miembros de su familia y luego se suicidó; y quien antes de que llegara a Bragado el Senador Blanch, era él el caudillo político; pero luego se disgustó por haberle propinado en público una cachetada, por cuestiones de política, de acuerdo a la carta que dejara el asesino y suicida. En la misma confesaba su delito declarándose culpable absoluto del crimen repudiable, por el que están en la cárcel Mainini, De Diago y Vuotto”.

“A raíz de los comentarios citados por esta carta dejada por Chulivert, luego de asesinar a tres miembros de su familia para luego suicidarse; un Juez del Crimen de la ciudad de Mercedes ha dispuesto agregar al sumario copias fotográficas de esta carta”. (5)

Por este suceso Pascual Vuotto, escribe una extensa carta que publican varios medios periodísticos y es lo que genera que el juez incluya la copia fotográfica al Sumario. Pero esta copia también desaparecerá del expediente judicial. El caso se resolverá recién en 1942, cuando el Dr. Macaya, como diputado provincial replantea el tema con sus amigos el ministro Solano Lima y el gobernador Moreno; quienes ya tenían la decisión de conmutarles la pena.

Su gestión como Diputado Provincial.

La obra más importante de su gestión como legislador provincial, fue la de interceder para la liberación de los presos de Bragado. Estaba al tanto del verdadero autor del atentado en casa de la Familia Blanch, aunque volvieron a desaparecer las pruebas que se habían anexado al expediente: las fotografías de la carta del criminal y suicida.

El recuerdo de todo este trámite, lo rememora su hijo “Pancho” Macaya: “Papá me contaba que el notaba que tanto Vicente Solano Lima como Rodolfo Moreno, -Ministro de Gobierno y Gobernador bonaerense- estaban abiertos a darle una solución favorable al tema de los presos de Bragado. Como era muy amigo papá de Solano Lima, tienen una reunión y revisan el expediente judicial del 34/35. ¡Faltaba la declaración de mi padre!, la habían sacado. Es ahí cuando se deciden y firman la conmutación de la pena. Once años estuvieron presos y siendo inocentes! “.-

Los últimos años del Dr. Francisco M. Macaya.

Otra de las grandes pasiones que abrazó con inmenso amor el doctor Francisco fue la docencia. Durante años ejerció como profesor en el Colegio Nacional y durante un período fue también Vicerrector del mismo. Las materias eran Anatomía, Física, Química, Higiene. No hay alumno suyo que lo recuerde sin decir la frase: “Que hombre tan bueno” o “Que bueno era el viejo y que bien enseñaba”. Trabajó como profesor hasta el final de su vida.

Su hijo recuerda con emoción: “Yo creo que estuvo la mano de Dios en todo. Mi carrera universitaria de abogacía, la realicé por consejo de papá. Yo quería ser profesor de historia, por todo lo que había pasado en mi familia. Papá me decía estudiá una profesión para no pasar necesidades y vas a poder ser igual profesor. Los estudios universitarios se me hicieron largos. Tuve que trabajar pues papá no podía mantener todos los gastos, no le alcanzaba el dinero para mantenerme en Buenos Aires. Me recibí a los 30 años de edad, en el año 1968. Al año siguiente papá falleció”.

“Cuando papá muere el 19 de agosto de 1969 en Buenos Aires, a los 68 años. Hacía cuatro años que padecía un cáncer. Yo tuve que sobrellevar todo ese peso, de esconderle a él, que era médico la verdadera causa de su enfermedad; y a toda mi familia. Yo estaba muy triste, ninguno de mis hermanos ni mi madre supieron lo que tenía papá. Había tapado todo para no causar sufrimiento a mamá. Sabían que estaba delicado pero no el diagnóstico fatal. Fue muy duro sobrellevar ese secreto”.

Tanto su velatorio como el entierro fue multitudinario. Su hijo lo recuerda con asombro y con esa serena satisfacción de ver y sentir en el homenaje póstumo a su padre, que por sobre todas las cosas despedían a “una buena persona”.

“Lo enterramos en Trenque Lauquen, tal era su voluntad, el día 20 de agosto. Recuerdo cuando bajábamos el ataúd para hacerle el responso en la Iglesia, al mirar hacia la derecha estaba don José Rodríguez Mera. Para mí la presencia de él, más allá de las diferencias políticas que había tenido con papá, significó que había un respeto mutuo entre él, que era radical y papá, conservador”.

“Tres fueron los oradores que despidieron a papá y desde distintos ángulos políticos: “Tito” Pastor, radical, habló en nombre de los profesores del Colegio Nacional; Eladio Merino, peronista, habló en nombre de los amigos; y Raúl Orellana, médico y conservador, en nombre de los médicos, sus colegas”.

La marca a fuego que dejó el Dr. Francisco a su hijo.

El doctor Francisco “Pancho” Macaya rememora con gran emoción: “Papá tenía una gran fortaleza de espíritu. La defensa que ejerció Sánchez Viamonte, Corona Martínez y Bajardi, socialistas, afirmaron que por las declaraciones de mi padre, que provenían de una persona adicta al conservadorismo, hijo de conservador declarado; éstas tenían un doble valor cuando reveló las torturas a que eran sometidos los presos inocentes en la comisaría de Bragado. ¿Cómo iba a mentir?”.

“No fue peronista, pero era muy amigo de Eladio Merino y de Jorge A. Simini; no se puso en la otra orilla nunca. Siempre lo oía decir que no todo lo que hacía Perón estaba mal; que había muchas cosas que estaban bien hechas. Papá en el Partido Conservador era de la Línea de Vicente Solano Lima, que apoyó a Perón y estuvo dentro del Peronismo. Después de la Revolución Libertadora, muchos le reprochaban que como era conservador, si había sido peronista”.

“Una vez le reproché, por esas cosas de juventud, que ser conservador era ser del Jockey Club, de un gobierno aristocrático, injusto y todo lo demás. Con gran calma me respondió: ‘Yo en la única aristocracia que creo, es en la aristocracia de la buena educación’.”

“Papá te abrazaba con la mirada, te besaba con esos ojos llenos de ternura y amor cuando te miraba. Te abrazaba con esos consejos llenos de paz y soluciones. Te hablaba con la tranquilidad que brotaba de su alma”.

El encuentro del Dr. Macaya (H) y Pascual Vuotto. – 1983-

El Doctor Francisco A. “Pancho” Macaya, ex Juez de Cámara de Apelaciones del Depto Judicial de Trenque Lauquen, evoca como conoció a Pascual Vuotto: “Mi padre había fallecido hacía muchos años (1969). Una hermana mía, Susana, trabajando en los Tribunales de Lomas de Zamora, le relata a una compañera de trabajo la historia de papá y de Vuotto, en el caso de los presos de Bragado. Esta compañera, no recuerdo ahora su nombre, le comenta a otra compañera la historia que le había contado mi hermana; y ¡esta chica conocía a Vuotto!

“Esta persona le preguntó cual era el nombre de su compañera, a lo que responde: ‘Susana Macaya’. Asombrada, le contestó: ‘la hija del médico de Bragado!’.”

“A partir de entonces, año 1983, nos conectamos con Pascual Vuotto que vivía en Mar del Plata, creo tenía 80 años de edad, y por las conexiones logradas por mi hermana, obtengo el teléfono. Me contacto con él, fue una gran emoción para ambos. Quedamos de acuerdo en encontrarnos en Mar del Plata. Yo viajé con mi mujer y mis hijos a conocerlo”.

La obra del padre la culmina el hijo.

“Llegamos a Mar del Plata con una emoción que no se puede explicar con palabras, se siente. Al llegar a su domicilio, toco timbre –el sabía que yo iba a verlo- y sale a atenderme Pascual Vuotto; y me dice: ¡’Doctor Macaya!, le contesto: sí. Se emociona fuertemente, caen sus lagrimas y me apretó la mano diciendo: ‘le estrecho mi mano inocente, absolutamente libre de toda culpa’. Lloramos de emoción todos”.

A partir de este encuentro comienza mi amistad con él. Se entera de la muerte de papá. El tenía un recuerdo imborrable, y siempre me lo recordó, que por papá pudieron salir en libertad”.

“Sabía que en 1942, papá era diputado por Trenque Lauquen y Solano Lima amigo personal, y Ministro de Gobierno; que Moreno era el Gobernador, y tenían ya la idea de liberarlos. Que Solano Lima conocía los ‘entretelones’ del juicio y que conversan los tres del tema en la casa de Gobierno”.

“Le conté a Pascual, que papá en esa reunión se explayó con ellos sobre todo lo que había pasado en la Comisaría de Bragado y los padecimientos personales que ese informe le había causado. Y ahí papá le insistió a Solano Lima que los liberaran”.

“Vuotto se manifestaba a lo largo de los años constantemente agradecido al papel que desempeñó mi padre, me obsequió libros con dedicatorias hacia él. Siempre recordó que fue papá el único testigo que los salvó, ya que tenían todo en contra”.

El asesoramiento terminó en Ley Nacional.

El Doctor Francisco “Pancho” Macaya, continúa evocando: “Luego de las conversaciones que tuvo papá con autoridades del gobierno provincial en 1942; sólo les conmutaron la pena de prisión perpetua por 17 años de prisión. Por este motivo Pascual Vuotto no había quedado conforme y buscaba un resarcimiento moral”.

“En uno de nuestros encuentros, Vuotto me manifiesta que estaba desconforme con esa conmutación, ya que el era inocente. ¡Una barbaridad! Habían pasado más de treinta años de esto y no habían dado solución a tremenda infamia”.

“Me pedía que no quería morirse sin tener la satisfacción de que toda la sociedad supiera que fue siempre inocente, que jamás tuvo algo que ver con esa bomba”.

“Vuelvo de Mar del Plata, y a los pocos días recibo una carta de Vuotto. Yo le había mandado a realizar algunas gestiones para que lograra lo que quería. El me comentaba que quería interponer un recurso de revisión.”

“Yo como Juez sabía que por ese lado no iba a lograrlo. Le vuelvo a escribir para aconsejarlo nuevamente diciéndole por escrito: ‘Vuotto, mire, por la Justicia no, por ahí va muerto. Esto tiene que ir por el lado de una reivindicación pública de su buen nombre y honor. Hable con algún político amigo o de confianza sobre todo esto que le digo; ya que usted está muy relacionado con sectores socialistas del Congreso de la Nación. Vaya y pida una Ley de Reparación Pública. Es más, mándeles una carta para que quede asentado el pedido’. Me hizo caso y mandó la carta a un diputado en el Congreso”.

“Pascual Vuotto, creo, habló con el Diputado Estévez Boero y se comienza a tramitar la Ley”.

“El último libro que me dedica Vuotto es del año 1991, tenía 87 años; y figura en el mismo el Proyecto de Ley”.

“La Ley se sancionó el 28 de julio de 1993 y llevó el número 24.233. Ya Pascual Vuotto, el único sobreviviente de esta tragedia, había muerto”.




Patricia A. Cabeza Miró - Haydée A. Merino











Citas



1.- “Los Presos de Bragado” Carlos M. Jordán. Biblioteca Política Argentina- 1988-

págs. 28 y siguientes.

2.- “Los Presos de Bragado” Carlos M. Jordán. Biblioteca Política Argentina- 1988-

“págs. 28 y siguientes.

3.- Revista “Todo es Historia” – Ed. Tor’s- 1972- Págs. 60 y siguientes.

4.- Actualmente Parque Municipal “General Conrado E. Villegas” (fundador de Trenque Lauquen). Llevó este nombre hasta 1930; en ese año, luego de la revolución, se le cambió el nombre por el del Pte. Uriburu.

5.- Diario “El Independiente” de Trenque Lauquen- Noviembre de 1938.

6.- “EL Proceso de Bragado- ¡Yo Acuso!” – Pascual Vuotto – Ed. Reconstruir- Bs. As. 1991 – Págs. 139 y siguientes. (En Anexo Documental).-


























Bibliografía




“Los presos de Bragado” Carlos M. Jordán – Biblioteca Política Argentina- Nº 228 – Centro Editor de América Latina – Buenos Aires – Año 1988.-

“El Proceso de Bragado - ¡Yo Acuso!” – Pascual Vuotto – Colección Testimonios – Editorial Reconstruir- Buenos Aires – Año 1991.-

Archivo “Diario El Independiente” – Trenque Lauquen- Años 1934, 1935, 1938, 1939, 1942.-

Archivo “Diario La Nación” – Buenos Aires- Año 1931.-

“Vida de un Proletario – (El Proceso de Bragado)” – Pascual Vuotto- Rodolfo Alonso Editor- 5ta. Edición - Buenos Aires – Año 1975.-

“Pequeñas Historias de Cien Años” – Gladys I. de Delgado- Asoc. Coop. del Hospital Municipal de Bragado- Buenos Aires- Año 1992.-

“Por los Torturados de Bragado” – Edición del Comité Pro Libertad de los Presos de Bragado – La Plata – Año 1935.-

Archivo familia del Dr. Francisco A. Macaya.-