
Sabiendo que suena como reemplazante de Pichetto...
La mala suerte de este señor es que sólo un rato antes había escuchado a Carlos Mira, en radio El Mundo, recordar la anterior modificación de la coparticipación de esta "Ley del cheque", en 2006, durante el reinado de Néstor I...
FUE POR MAYORÍA SIMPLE !!!
Estas barbaridades les sucede porque no ejercen sus cargos con la responsabilidad debida...
O lisa y llanamente, salen a mentir...
Aquí va el detalle de Carlos Mira:
(aprecie la brutalidad de las mentiras)
La votación de anoche en el Senado por la coparticipación de la ley del cheque generó una nueva oleada de interpretaciones y de improperios. Es notable cómo, aun en las discusiones de tecnicismos legales, la Argentina se las arregla para componer de inmediato una escena que parecería salida del malevaje. Parece que nada puede tener altura y jerarquía en el país; todo debe ser adornado con la descalificación y el insulto.
La propia presidente salió a calificar a Cobos de “croupier”, como si la primera mandataria estuviera discutiendo en un café, con un faso en la mano, sobre si tal o cual decisión de un referí de fútbol fue o no correcta.
Ese lenguaje arrabalero debe terminar. Lo que debe hacerse es verificar los hechos y evitar los adjetivos calificativos dirigidos a personas.
Lo que se discute aquí es si para hacer coparticipable los fondos del llamado impuesto al cheque es necesaria una mayoría especial de la mitad mas uno de la totalidad de los miembros de ambas cámaras del Congreso o si, por el contrario, la modificación puede hacerse por mayoría simple de los miembros presentes.
La Constitución reformada en el ’94 estableció en el inc 3 del art 75 que, para modificar asignaciones especificas de impuestos se requiere una mayoría calificada de la mitad mas uno del total de los miembros, pero cuando no existe dicha asignación, las modificaciones pueden hacerse por mayoría simple de los miembros presentes.
La ley del impuesto al cheque estableció una asignación especifica para los fondos: el Tesoro Nacional. Sin embargo durante el gobierno de Nestor Kirchner, en noviembre del 2006, esa asignación se cambió transformando en coparticipable el impuesto en una relación 70-30. Esa modificación se hizo por mayoría simple.
Este solo antecedente serviría para dar por tierra con la interpretación oficial de hoy: la ley ya se hizo coparticipable usando una votación simple; lo de hoy no sería otra cosa más que un cambio en el criterio de distribución de lo recaudado, que, por la modificación, pasaría a ser de 50-50, en lugar de 70-30.
Por lo demás, la falta de sanción de una ley convenio entre la Nación y las provincias como mandaba sancionar la reforma del ’94, permitiría interpretar que esta modificación (y también la del 2006) fueron hechas antes de que se sancione la Ley Convenio por lo que esta modificación debe considerarse un cambio de una asignación específica dispuesta antes de la ley de coparticipación y por lo tanto correspondería aplicar el artículo 75, inciso 2, que dispone una mayoría simple.
La postura casi ofendida de los funcionarios que desfilaron hoy por los medios, empezando por Aníbal Fernández y por Julio Alak, (quien después de sostener, hace unos días, la inconstitucional tentativa de someter a los jueces a exámenes confirmatorios cada cuatro años, era hoy el primer fanático de la Constitución) duró lo que duró la memoria del primero que recordó que esta misma ley que no era coparticipable en absoluto, se transformó en coparticipable a niveles de 70-30, por una modificación votada por mayoría simple. ¿Cómo no podría introducirse por la misma calidad de mayorías, un simple cambio a los porcentajes de distribución, si antes, por esa misma mayoría no-calificada, se permitió una modificación sustancial del espíritu de la ley original como es hacer coparticipable algo que no lo era?
Seguramente una nueva andanada de presentaciones judiciales, con las consabidas sospechas de presiones y de jueces y Cámaras intervinientes se estará por venir. Parecería que la Argentina se ha convertido en una enorme batalla por tener razón en los estrados judiciales. Algo que hasta casi podría tomarse como un progreso para un país que, en el pasado lejano y no tan lejano, se caracterizó por resolver estas cosas a los tiros y por el peso de la sangre y la violencia.
fuente: Miraquienhabla
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