
Como nunca hemos visto en la Argentina, el "periodismo independiente" manipula desde el lugar privilegiado con que cuentan, vida y honra de cualquier ciudadano.
La confusión es total. Ora por poder, ora por dinero, ora por despecho. Pero el operar en pos de un objetivo concreto, hace dudar de cualquier "información" que consumamos.
Aún a sabiendas de lanzar falsías, consiguen cuando menos inocular la duda.
Todos los Estados echan mano a recursos de este tipo -traspasando la verdad, a través de la "prensa"-, reconociéndole algún objetivo loable como puede ser una negociación en la que corre riesgo la vida de un secuestrado, rehén, etc.
Pero para dañar y quitar de circulación difamando, es otra cuestión.
Si el damnificado consigue reparar judicialmente el daño, con seguridad, su atacante ya consiguió su fin, aún a costa de una indemnización adecuada a las circunstancias...Lo cual no viene a cuento, pues lo rentable del caso lo justifica plenamente. "El costo-beneficio".
Me atrevo a aseverar -sin temor a equivocarme- que el terrorismo de la palabra tiene la fuerza de mil fusiles.
Especialmente cuando recibe un incentivo crematístico, absolutamente justificable para el sicario de la palabra...
La confusión es total. Ora por poder, ora por dinero, ora por despecho. Pero el operar en pos de un objetivo concreto, hace dudar de cualquier "información" que consumamos.
Aún a sabiendas de lanzar falsías, consiguen cuando menos inocular la duda.
Todos los Estados echan mano a recursos de este tipo -traspasando la verdad, a través de la "prensa"-, reconociéndole algún objetivo loable como puede ser una negociación en la que corre riesgo la vida de un secuestrado, rehén, etc.
Pero para dañar y quitar de circulación difamando, es otra cuestión.
Si el damnificado consigue reparar judicialmente el daño, con seguridad, su atacante ya consiguió su fin, aún a costa de una indemnización adecuada a las circunstancias...Lo cual no viene a cuento, pues lo rentable del caso lo justifica plenamente. "El costo-beneficio".
Me atrevo a aseverar -sin temor a equivocarme- que el terrorismo de la palabra tiene la fuerza de mil fusiles.
Especialmente cuando recibe un incentivo crematístico, absolutamente justificable para el sicario de la palabra...
Por ello es que acompaño un link sobre esta peligrosa situación:
(recomiendo leerlo en su totalidad)
ESPÍAS QUE SE DISFRAZAN DE PERIODISTAS...
(recomiendo leerlo en su totalidad)
ESPÍAS QUE SE DISFRAZAN DE PERIODISTAS...
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