
Una de las razones más importantes que explican la presencia de la lucha contra la corrupción en las agendas de los principales organismos internacionales y de muchos gobiernos es el reconocimiento de sus perversos efectos. El Instituto del Banco Mundial y otros investigadores han estudiado científicamente, desde una perspectiva económica, esas consecuencias y han dejado claro que afectan negativamente al crecimiento y al desarrollo.
1. Estas prácticas ilícitas llevan a incrementar la inversión pública, pero reducen su productividad. Así, si la corrupción de un país de muy baja corrupción, como Nueva Zelanda, ascendiera a la de un país de muy alta corrupción, como Pakistán, ello aumentaría el gasto público como porcentaje del Producto Interior Bruto en 1,6 puntos y recortaría los ingresos públicos sobre el PIB en 10. Por poner otro ejemplo, los costes por kilómetro de línea de metro en Milán cayeron un 57% tras los procesos anticorrupción italianos conocidos como Manos Limpias, mientras que los de la construcción de la terminal del nuevo aeropuerto cayeron un 59%.
2. La corrupción reduce la calidad de las infraestructuras existentes. Las carreteras en países altamente corruptos están continuamente reparándose, con lo que el funcionario percibe comisión por cada contrato y el empresario corruptor se ahorra costes con la baja calidad de los productos usados.
3. Disminuye los ingresos de los gobiernos al favorecer el dinero negro, el contrabando y la evasión fiscal, además de obligar a esfuerzos en el blanqueo de capitales, con unos costes de oportunidad elevados, ya que se ha de emplear tiempo en ocultar datos, gestionar información, lavar dinero�
4. Estrecha la capacidad de los estados para imponer controles regulatorios e inspecciones para corregir los fallos de mercado.
5. Distorsiona el papel del Estado como garante de derechos de propiedad o asegurador del cumplimiento de los contratos. La corrupción judicial es fundamental para explicarse esta degradación del Estado, porque destruye la seguridad jurídica y crea un clima de arbitrariedad que impide la previsibilidad y estrategia económica.
6. Reduce la inversión y, por ello, la tasa de crecimiento. Si un país muy corrupto, como Filipinas, redujera esta anomalía a la de un país poco corrupto, como Singapur, incrementaría la inversión como porcentaje del PIB en 6,6 puntos.
7. Hace decrecer los gastos en educación y salud, áreas en las que es más difícil obtener grandes beneficios. Y aumenta los militares, al tratarse de una partida en la que los beneficios corruptos son muy elevados.
8. Recorta la inversión extranjera directa, porque la corrupción opera como un impuesto a las empresas. De hecho, si a Singapur le aplicáramos el nivel de corrupción de México, sería como incrementarle el tipo impositivo marginal sobre las empresas en 20 puntos porcentuales.
El profesor Johann Graf Lambsdorff, encargado de elaborar el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) para Transparency International, ha subrayado los nefastos efectos de esta práctica y los beneficios de combatirla, al señalar que «las pruebas indican que una mejora en el IPC de un punto [en una escala de 10] incrementa el ingreso de capitales en un 0,5% del PIB de un país y los ingresos promedio hasta un 4%»; y a la inversa, añade, «la pérdida de un punto supone la pérdida de inversiones en el mismo porcentaje». En 2004, España tenía una puntuación de 7,1 en el IPC y en 2008, de 6,5. Es decir, hemos perdido 0,6 puntos en cuatro años, lo que a su vez puede suponer una pérdida de ingreso en capitales equivalente al 0,25% del PIB. En suma, la corrupción probablemente ha detraído más de 2.500 millones de euros en inversión externa. En un país tan dependiente de la llegada de capitales como el nuestro, esto supone un daño económico evidente para toda la sociedad.
Frente a la idea de que la corrupción engrasa el sistema burocrático y permite a las empresas ser más productivas, diversos estudios muestran que la corrupción tiende a incrementarse naturalmente y que los cohechos exigidos son cada vez mayores y más extendidos, ahogando finalmente a las empresas. La corrupción es arena y no aceite para la economía de un país.
1. Estas prácticas ilícitas llevan a incrementar la inversión pública, pero reducen su productividad. Así, si la corrupción de un país de muy baja corrupción, como Nueva Zelanda, ascendiera a la de un país de muy alta corrupción, como Pakistán, ello aumentaría el gasto público como porcentaje del Producto Interior Bruto en 1,6 puntos y recortaría los ingresos públicos sobre el PIB en 10. Por poner otro ejemplo, los costes por kilómetro de línea de metro en Milán cayeron un 57% tras los procesos anticorrupción italianos conocidos como Manos Limpias, mientras que los de la construcción de la terminal del nuevo aeropuerto cayeron un 59%.
2. La corrupción reduce la calidad de las infraestructuras existentes. Las carreteras en países altamente corruptos están continuamente reparándose, con lo que el funcionario percibe comisión por cada contrato y el empresario corruptor se ahorra costes con la baja calidad de los productos usados.
3. Disminuye los ingresos de los gobiernos al favorecer el dinero negro, el contrabando y la evasión fiscal, además de obligar a esfuerzos en el blanqueo de capitales, con unos costes de oportunidad elevados, ya que se ha de emplear tiempo en ocultar datos, gestionar información, lavar dinero�
4. Estrecha la capacidad de los estados para imponer controles regulatorios e inspecciones para corregir los fallos de mercado.
5. Distorsiona el papel del Estado como garante de derechos de propiedad o asegurador del cumplimiento de los contratos. La corrupción judicial es fundamental para explicarse esta degradación del Estado, porque destruye la seguridad jurídica y crea un clima de arbitrariedad que impide la previsibilidad y estrategia económica.
6. Reduce la inversión y, por ello, la tasa de crecimiento. Si un país muy corrupto, como Filipinas, redujera esta anomalía a la de un país poco corrupto, como Singapur, incrementaría la inversión como porcentaje del PIB en 6,6 puntos.
7. Hace decrecer los gastos en educación y salud, áreas en las que es más difícil obtener grandes beneficios. Y aumenta los militares, al tratarse de una partida en la que los beneficios corruptos son muy elevados.
8. Recorta la inversión extranjera directa, porque la corrupción opera como un impuesto a las empresas. De hecho, si a Singapur le aplicáramos el nivel de corrupción de México, sería como incrementarle el tipo impositivo marginal sobre las empresas en 20 puntos porcentuales.
El profesor Johann Graf Lambsdorff, encargado de elaborar el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) para Transparency International, ha subrayado los nefastos efectos de esta práctica y los beneficios de combatirla, al señalar que «las pruebas indican que una mejora en el IPC de un punto [en una escala de 10] incrementa el ingreso de capitales en un 0,5% del PIB de un país y los ingresos promedio hasta un 4%»; y a la inversa, añade, «la pérdida de un punto supone la pérdida de inversiones en el mismo porcentaje». En 2004, España tenía una puntuación de 7,1 en el IPC y en 2008, de 6,5. Es decir, hemos perdido 0,6 puntos en cuatro años, lo que a su vez puede suponer una pérdida de ingreso en capitales equivalente al 0,25% del PIB. En suma, la corrupción probablemente ha detraído más de 2.500 millones de euros en inversión externa. En un país tan dependiente de la llegada de capitales como el nuestro, esto supone un daño económico evidente para toda la sociedad.
Frente a la idea de que la corrupción engrasa el sistema burocrático y permite a las empresas ser más productivas, diversos estudios muestran que la corrupción tiende a incrementarse naturalmente y que los cohechos exigidos son cada vez mayores y más extendidos, ahogando finalmente a las empresas. La corrupción es arena y no aceite para la economía de un país.
* Catedrático de Ciencia Política.
Universidad Rey Juan Carlos
FUENTE: Lasprovincias.es
Universidad Rey Juan Carlos
FUENTE: Lasprovincias.es
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