




El hombre tiene un extraño encantamiento con el oro, y en menor grado, con otros metales. También depende de otros factores como la antigüedad de una civilización, lugar geográfico, costumbres, etc. Recuerdo muy especialmente las piezas de oro en el aeropuerto de El Dorado, en Bogotá- Colombia. Son piezas pre-colombinas de una extraordinaria belleza. Tenían otra cosmovisión del oro, nada mezquina como la que se desata a partir de la conquista.
El europeo trae otro factor de encantamiento, el de la escasez en su continente.
En el continente americano hoy existen dolientes marginales que viven la fiebre del oro como un estigma en sus vidas.
Ese es el Garimpeiro , un ser alienado y obnubilado, que hasta puede llegar a matar por el metal precioso. Debe convivir con la astucia de los mafiosos a los que le vende el esfuerzo de tanta colada de agua...
Este es el método natural. El ancestral.
Las mafias modernas cuentan con la complicidad y veto a la ley de Glaciares de un gobierno al que nada le importa la calidad de vida de sus ciudadanos. El oro, para ser rentable necesita de dinamita y cianuro , en extremo. Implicando una inquietante modificación orográfica.
Ello lo hace desaconsejable en estos tiempos en los que peligra la vida misma por la creciente degradación del planeta.
Bueno, así es en la Argentina corrupta.
Hacer silencio sobre estos criminales, es otro crimen.
1 comentarios:
buenisimo che segui publicando... fuera gioja barrick fuera pobreza y miseria. defendamos nuestra tierra
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